Familia y escuela, condenados a entenderse.

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El que las familias deben tomar parte activa en la educación de sus hijos puede parecer una obviedad. En nuestra sociedad la integración del sistema educativo con las estructuras familiares es cuanto menos irregular. Hay padres -pocos- que no desean participar de la vida escolar de sus hijos, otros -algo más- dicen no tener tiempo para ello, el resto de los padres -la mayoría- desea formar parte activa de la formación de sus hijos y muchos lo consiguen. Muchos centros educativos -la mayoría, también- alientan y promocionan esta interacción, pero hay colegios -pocos y generalmente privados- que directamente no permiten el acceso de los padres a la formación intraescolar de sus hijos.

estudiar en familia

En pleno siglo XXI pocos educadores dudan de la necesidad de la participación activa de las familias en el desarrollo del trabajo formativo que se hace en las escuelas y viceversa. Desarrollar positivamente la comunicación y la colaboración entre ambos -escuela y familia- no es una tarea tan sencilla como pueda parecer a priori y ambos andan a la gresca cuando los resultados no acompañan. Las familias culpan a las escuelas de su incapacidad para obtener mejores resultados académicos en sus hijos y las escuelas acusan a las familias de no fomentar ni continuar con el estudio de lo que se da en clase.

Los informes PISA de los últimos años hablan claramente, y con cifras, de lo importante que es el que las familias se impliquen activamente en los estudios de sus hijos y ponen como ejemplo el que algo tan básico como el fomento de la lectura en los primeros años -incluso antes- de la Educación Primaria, influye decisivamente en el desarrollo académico del adolescente en Secundaria y Bachillerato.

También está cuantificado que aquellas familias con padres con estudios superiores y nivel económico medio-alto se implican más en los estudios de sus hijos. Eso no quiere decir que los padres dediquen más horas a sentarse a trabajar con sus hijos, sino que emplean más recursos económicos para ofrecer a sus vástagos ayudas en forma de apoyo: clases extraescolares, academias, profesores particulares, viajes, campamentos, intercambios, etc…

Indudablemente, la sociedad está variando en sus modos de organización y las “familias tradicionales” conviven con otras formas nuevas de organización familiar: familias donde trabajan fuera de casa los dos progenitores, familias monoparentales, familias de padres separados o divorciados con regímenes de visitas particulares, familias a cargo de los abuelos, familias de emigrantes que traen diferentes costumbres, familias obligadas a la movilidad geográfica, familias desestructuradas, etc…

Pero el niño crece, y cuanto más lo hace aumenta también el temor de los padres a colaborar con él en las tareas de colegio. La situación económica y laboral obliga a la mayoría de los padres a dedicar muchas horas del día al trabajo y llegan agotados a casa, con un cansancio que provoca una baja predisposición a la paciencia. A ello se le une el lógico olvido de los contenidos de muchas materias estudiadas hace décadas y, por ello, los padres prefieren o no tienen más remedio que buscar clases de apoyo o de refuerzo para su hijo en academias o recurrir a profesores particulares. Es un pequeño gran negocio paralelo a la educación de nuestros hijos que, curiosamente, pone a España casi a la cabeza de Europa en el uso de clases particulares y academias de refuerzo, solamente por detrás de Grecia (como en casi todo lo malo).

Lógicamente no todas las familias pueden permitirse el lujo de pagar estas clases de refuerzo extraescolar a sus hijos y ello ya está provocando un desequilibrio en oportunidades educativas y resultados académicos entre las clases acomodadas y las que no lo son.

Pero también ocurre que los padres se ven obligados a buscar clases extraescolares para llenar el tiempo en el que los progenitores no están en casa por razones laborales o se buscan actividades deportivas fuera del horario del colegio para paliar el preocupante sedentarismo de nuestros hijos. Los hijos traen mucha tarea del colegio para casa, salen poco a la calle, juegan solos, ven demasiadas horas la televisión, practican poco deporte y, en definitiva, se relacionan cada vez menos con sus semejantes.

Es cierto que muchos padres se escudan en la separación de las actividades escolares y las familiares, a veces por comodidad y otras por no querer interferir en el trabajo del profesor. Pero otras veces son los colegios los que no permiten el acceso de los padres a las actividades que hacen sus hijos entre sus muros. Ello provoca una inevitable separación entre padres y escuela. La mayoría de los padres admiten que el sistema educativo no ha evolucionado mucho desde que ellos iban al colegio pero pocos se deciden a poner el grito en el cielo.

Escuela y familia deberían ser elementos de una misma continuidad vital. Del cómo salga el niño de casa por la mañana dependerá gran parte de su rendimiento en el colegio y del cómo salga del colegio y de lo que haya hecho allí, dependerá su ánimo en casa, el de sus padres y familiares, es un círculo de influencias imposible de aislar. Se impone, pues, una reflexión profunda sobre esta relación.

Si el niño no ha descansado suficientemente, llegará a clase con poca disposición al estudio, si no ha desayunado correctamente pasará cansado su larga jornada escolar, si ha tenido problemas o discusiones en casa los arrastrará al colegio. Del mismo modo, el estado de ánimo con el que venga del colegio influirá en el rendimiento de sus tareas, la desmotivación en clase provoca falta de entusiasmo y de interés, el estrés que pueda tener el chico, por ejemplo ante un examen o ante un trabajo o una exposición en clase, influye en el estado anímico del muchacho y se contagia al resto de la familia. El ser humano no es una dicotomía, no puede -ni debe- separar los diversos mundos en los que habita: familia, colegio, amistades, sociedad…

La manera más habitual de relación entre las familias y los colegios suele ser a través de las asociaciones de madres y padres de alumnos (AMPAS). La mayoría de los padres se asocia en estas agrupaciones solo de una manera económica, es decir pagando una cuota, y son los menos los que participan activamente en ellas. Creo que no está suficientemente reconocida la gran labor que hacen las AMPAS dentro del sistema educativo.

Vivimos en una época de crisis que está llevando a gran parte de las familias al límite de sus posibilidaes económicas, a veces demasiado cerca del umbral de pobreza. Y es en estos años en los que las AMPAS están teniendo una importancia fundamental en las ayudas escolares puesto que, aunque se les haya suprimido muchas de las subvenciones de antaño, están haciendo enormes esfuerzosen la ayuda solidaria: obtención de libros de texto, ropa escolar, ayudas en los comedores y transporte, visitas o salidas más económicas para los chicos a museos, teatros y demás actividades formativas.

Durante mucho tiempo hemos escuchado que educación y formación eran elementos independientes que se obtenían en diferentes entornos. A la educación se la relacionaba con el conjunto de rudimentos para las relaciones y los comportamientos sociales del niño que se recibían en el entorno familiar. Por su parte, la formación tenía que ver con el mundo de los conocimientos académicos que se obtenían en las escuelas. Realmente no es tan sencillo aislar ambos conceptos puesto que los papeles se mezclan. Es cierto que los colegios tienen centrada su experiencia en el aprendizaje de los conocimientos y que en las familias se desarrollan principalmente los comportamientos sociales y afectivos del muchacho. Pero estos elementos no son independientes ni excluyentes en tanto que ambas estructuras se nutren de lo mismo.

El problema surge cuando uno de los dos sistemas, el escolar o el familiar, descuida sus obligaciones y las cede al otro. Algunos padres descuidan la enseñanza de los hábitos de comportamiento social a sus hijos y los colegios de encuentran con la tarea extra de interactuar con niños que no saben comportarse en un entorno social común. Los colegios entonces se lavan las manos diciendo sentirse incapaces de acometer ambas enseñanzas, las propias del conocimiento y las de los comportamienrtos sociales.

Pero también ocurre el proceso inverso. Muchos colegios, con la excusa del cumplimiento de un amplísimo temario impuesto por la Administración, se inhiben ante la calidad de lo que enseñan y obligan a los padres a buscar los apoyos extraescolares anteriormente citados. Es entonces cuando los padres se plantean qué utilidad tiene el que sus hijos pasen tantas horas en un colegio que solo es capaz de transmitir levemente ciertos conocimentos. Conocimientos que luego deben ser aquilatados fuera de clase, normalmente por las tardes y a cargo de la economía familiar, en clases de apoyo o refuerzo.

Está demostrado que según se avanza en el periplo escolar, las familias se implican cada vez menos en las actividades del colegio. De hecho la Secundaria supone una clara ruptura de la relaciones de los padres con las escuelas o centros en los que estudian sus hijos. Pero esto ocurre paradójicamente en unos momentos trascendentales en los que se ponen las bases de las futuras perpectivas profesionales del niño. Es necesario, pues, buscar fórmulas para no perder la esencial implicación de las familias en los años del instituto, en los años de la Secundaria y el Bachillerato.

La relación entre la familia y la escuela es la piedra angular del proceso educativo. Sobre estos dos grandes pilares se asienta todo lo que el niño es en el presente y todo lo que va a ser en el futuro. Ambas columnas no pueden ni deben soportar más peso del que le corresponde porque todo el sistema se tambalearía.

Urge acabar con la absurda separación entre el hogar y la escuela, y quizá un buen primer paso sería crear una ley que permitiera realmente compaginar la vida laboral de los progenitores con la vida familiar, y así acercarnos un poco más a aquel fin último que buscan tanto la familia como el colegio: el bienestar de nuestros hijos.

MhB

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9 comentarios sobre “Familia y escuela, condenados a entenderse.

    Yolanda M escribió:
    27/04/2014 en 21:51

    Estoy de acuerdo en tu exposición del tema. Y la importancia de que ambos grupos: la escuela y las familias deberían correlacionar esfuerzos y conocimientos con el mismo y único fin de desarrollar mejores estudiantes y por supuesto también mejores personas..

    La sociedad actual!, la de las prisas!
    Otorgamos poco espacio para el pensamiento. Por eso me ha interesado todo lo q aquí comentas.

    Yo he pensado suempre que el conocimiento debe estar sustentado en una educación positiva. Pero por desgracia Creo q seguimos como hace 30 años basada en el
    castigo. En la escuela del aprendizaje del olvido. Y digo del olvido porque el aprender las cosas de memoria, sin razonamiento solo lleva al olvido.

    Sigue escribiendo me parece muy interesante
    .

      marcelhbrunner1 respondido:
      27/04/2014 en 22:50

      Gracias por tu amable comentario. Es reconfortante encontrar personas que todavía creen que una educación basada en el refuerzo de las buenas actitudes y comportamientos del niño son la base de su correcto desarrollo como persona.
      Sigamos por este camino.

    Suzanne escribió:
    29/04/2014 en 12:46

    Un artículo muy acertado y de actualidad. Ciertamente la familia debe colaborar con la escuela. El problema es que no todas las escuelas admiten este tipo de intromisión, más bien le escuela incluso intenta dirigir a la familia, pero que ésta no se entrometa en la educación, cuando ésta debería ser conjuntamente abordada por ambos agentes de socialización, adaptada a la personalidad del o de la menor. Los currículum escolares más bien se adaptan a largas listas de conocimiento que muchas veces crean valores segregatorios y competitivos. Pocas son las que se orientan a fomentar valores sociales como la solidaridad, el altruismo.

    Una persona con valores sociales podrá aprender otros conocimientos pero una persona que sólo adquiera conocimientos, como una base de datos, será complicado que con el tiempo pueda desarrollar la sensibilidad suficiente que no desarrolló de niño, salvo que ocurra algo en su vida que le lleve a conseguir una madurez dentro de su ciclo vital. El alcance de esta madurez intelectual sería el máximo desarrollo real de la persona, no el conseguir más dinero o mejor puesto de trabajo. Para ello debería servir esa sinergia entre la escuela y la familia, y no tener a la familia gastando dinero en clases particulares para reforzar a la escuela.

      marcelhbrunner1 respondido:
      08/05/2014 en 18:51

      Muchas gracias por tu profundo comentario.
      Indudablemente, el Conocimiento está cambiando permanentemente y los sistemas educativos no han sido capaces de evolucionar tan rápidamente como lo está haciendo la sociedad.
      Sobre la creación de valores que comentas, es curioso que todas las Leyes de Educación nos hablan en sus Preámbulos de unos objetivos de desarrollo humano muy profundos que engloban la solidaridad, la cooperación, la felicidad, la igualdad, la paz… Se nos llena la boca con estas hermosas palabras cuando la realidad es bien distinta, y es que el sistema en el que vivimos promueve precisamente los valores contrarios: el individualismo, la discriminación, la violencia emocional, el materialismo y la competencia.
      Todo el mundo habla de paz pero nadie educa para la paz, se educa para “ser mejor” que tu compañero, para tener mejor nota que tu compañero, se educa en la competencia. Y no olvides que la competencia es el principio de cualquier guerra.

    Elizabeth escribió:
    11/05/2014 en 23:00

    Creo que hay padres que desgraciadamente no tienen, por circustancias de la vida, conocimientos para poder ayudar a sus hijos o no tienen medios para pagarles clases particulares, de hecho, hay niños que con un poco de esfuerzo entre todos podrian desarrollar una educación y conocimientos dandoles la oportunidad de un futuro mejor, a no ser que sus capacidades fueran extraordiarias. Me pregunto que será de ellos? Por qué el gobierno no estudia un plan de apoyo gratuito? Según Nelson Mandela decia: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo” .Y yo digo… demos la oportunidad de que también puedan estudiar aquellos que menos tienen. Enhorabuena por este blog es extraordiario.

      marcelhbrunner1 respondido:
      12/05/2014 en 14:40

      Muchas gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo contigo.
      Efectivamente, en este país y hace pocas décadas el acceso a la enseñanza era un bien privativo de las clases pudientes. Esto puede sonar a demagogia pero es la realidad. Para nuestros abuelos era inimaginable que sus nietos y los hijos de sus nietos tuvieran acceso, a través de su propio esfuerzo, por ejemplo a la Enseñanza Universitaria. Nuestra Constitución abrió el camino al catalogar a la Educación dentro de nuestros Derechos Fundamentales y nuestras Libertades Públicas. En ella se dice claramente que todos los españoles tenemos derecho a la Educación y reconoce la Libertad de Enseñanza. La Educación tiene por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y está fundamentada en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los Derechos y Libertades Fundamentales.
      Aunque los poderes públicos (nuestros gobernantes y las instituciones) tienen la obligación de garantizar el Derecho de todos los españoles (TODOS) a la Educación (mediante una programación de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados, la creación de centros docentes y garantizando que dicha enseñanza básica sea gratuita), desgraciadamente no hemos conseguido que hagan su trabajo e impartan una Educación de calidad para todos. De hecho, últimamente, parece que están peligrando muchas de nuestras conquistas sociales.
      Gracias por recordarme la frase de Mandela; se me ocurre que quizá lo que precisamente no deseen los poderes públicos es que “el mundo cambie demasiado”, porque quizá podríamos plantearnos el cambiarlos a ellos. No permitamos la involución, nos ha costado demasiado llegar hasta aquí.
      No olvides que la mejor y más inteligente de las acciones que puede hacer un Estado es invertir en la Educación de sus ciudadanos.

    jjose escribió:
    12/05/2014 en 16:13

    felicidades por este espacio tan oportuno para poder ser libre, la educación los conocimientos te hacen obtener riqueza ( no todo es dinero)

      marcelhbrunner1 respondido:
      13/05/2014 en 10:13

      Gracias por tu interés.
      La educación es la base de la riqueza de un país y es lo único que asegura el futuro en libertad, tanto el nuestro como el de nuestros hijos. El conocimiento desarrolla nuestra autonomía, el desarrollo del libre pensamiento implica tener puntos de vista propios y, con ello, evitamos ser ciudadanos pasivos o meros consumidores de aquello que nos quieran ofrecer. La frontera entre el mero consumidor y el esclavo es imperceptible.

    Yolanda M escribió:
    13/05/2014 en 12:23

    Es tan difícil ser libre…y tan valiente.

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