A vueltas con la Belleza

Posted on Actualizado enn

No voy a descubrir a nadie que la sociedad humana profesa una devoción casi desmedida por la Belleza y que eso ha sido así desde el origen de la Humanidad. Lo bello no solo nos gusta sino que nos apasiona y encontrarlo es, a veces, una gran preocupación. Anhelamos rodearnos de cosas bellas, necesitamos sentirnos bellos y que nos sientan bellos. Asimilamos lo bello con lo bueno pues el Bien y la Belleza van de la mano desde que el hombre es hombre.

Venus de Milo

El concepto de Obra de Arte tiene que ver con un proceso intuitivo, nada objetivo y siempre relativo. Es una experiencia que mezcla aspectos emocionales con cuestiones intelectuales. Hay quien considera lo bello como una mera reacción fisiológica. Los empiristas, por ejemplo, opinan que la emoción ante algo bello es simplemente una sensación o conjunto de sensaciones, que un objeto, un acontecimiento o un hecho estético provocan en la persona que lo disfruta. Otros opinan que no todo es tan simple y que el proceso tiene su miga por lo extremadamente complejo de la psique humana. Si nos quedamos embelesados al asistir a una ópera o a un concierto no es solamente el sentido del oído el que lo disfruta sino que es todo el sujeto en su totalidad el que lo hace, afectando a lo más profundo de uno mismo.

El concepto de lo estético debe andar relacionado con la capacidad que tienen las cosas para atrapar nuestra subjetividad aunque, para hacerlo, primero tengan que llamar de alguna manera nuestra atención. Está claro que lo estético nos da placer pero ese placer no tiene una forma única sino muchas y variadas: intelectual, espiritual, relajante, sensual, sensorial, excitante, estimulante,…

A lo largo de la Historia, el ser humano ha ido variando respecto del gusto estético en los tipos de placeres y en los cánones, primando unos sobre otros, pero hay una serie de factores que siempre se repiten cuando entramos en contacto con algo que nos parece bello. El primero de los factores es el asombro, es decir, lo bello nos saca de lo cotidiano y nos atrae. Una segunda característica es que lo bello produce admiración, un sentimiento que para algunos autores debería estar alejado de la necesidad de poseer dicho objeto; la persona que está ante algo bello se siente tan plena, tan completa ante dicha belleza que no necesita poseerla. Sobre este particular tengo mis propias dudas. Mucho me temo que la simple contemplación de lo bello no colma las ansias del individuo. El ser humano tiene necesidades y si no, sencillamente las crea. Por eso, cuando tiene dicha necesidad de “algo bello” buscará la manera de solucionar ese estado de carencia, ese estado en que siente que “le falta algo”. Hay quien dice que solamente se puede disfrutar de la belleza cuando no hay deseo de posesión sobre ella, pero quizá el ser humano no sea tan libre o simplemente carezca del control necesario sobre sí mismo.

Por último hay un tercer aspecto que es reacción común ante lo bello y que tiene que ver con lo breve aunque intenso de la experiencia. Es cierto que cuando lo bello es especialmente intenso, produce en nosotros sensaciones cercanas al éxtasis: el mundo deja de girar, el tiempo se detiene y algo de nosotros fluye, haciendo volar nuestros sentidos. Este lapso de tiempo siempre es breve -desgraciadamente demasiado breve- y, aunque luego seamos capaces de asimilar estas sensaciones y convertirlas en algo más duradero, la sensación de finitud llega a ser, a menudo, frustrante.

De acuerdo en que todo lo que he desarrollado se refiere solo a lo que le pasa al ser humano cuando contempla algo bello y que, por lo tanto, es un proceso subjetivo en tanto que depende de cada uno de nosotros, de nuestra contemplación, de nuestros gustos, de nuestro “yo profundo”. Pero, aunque parezca una obviedad, para que haya contemplación de algo bello tiene que existir precisamente “algo fuera de nosotros” que consideremos bello, ya sea una pintura, una estatua, un ser humano, un conjunto de palabras o de sonidos…

Y aquí es cuando llegan las grandes preguntas… ¿qué es la belleza?, ¿la belleza es una realidad? y si es una realidad ¿lo es en sí misma o por sí misma?, ¿la belleza de un objeto solo tiene relación con la persona que la contempla?, ¿se puede generalizar?, ¿qué mecanismos hacen que una cosa sea bella para un conjunto de personas a la vez?, ¿nos gustan las cosas porque son bellas o son bellas porque nos gustan?…

Históricamente, la Filosofía ha intentado dar respuesta a estas y otras muchas preguntas pero siempre desde dos puntos de vista muy definidos. Desde la Antigüedad hasta casi el siglo XVIII los que llamaremos “objetivistas” opinaban que “lo bello era la armonía de las cosas”. Pero desde entonces hasta nuestros días somos algo más “subjetivistas” pues pensamos que lo bello está precisamente en nosotros, en el ser humano. Es el ser humano quien posee el sentimiento de belleza y es el ser humano el que decide que la belleza está, o no, en el objeto.

Platón decía que para percibir la belleza había que ir más allá de la realidad aparente que nos muestran nuestros sentidos y llegar hasta las ideas. Él afirmaba que las ideas eran la verdadera realidad. La Belleza queda entonces categorizada dentro de una visión intelectual, en una especie de pirámide de ideas en las que mandan por arriba el Bien y lo Bello. Más tarde Aristóteles definirá lo Bello en relación con la contemplación, afirmando que “el Bien se hace y lo Bello se contempla”. Pero no será hasta el siglo XVIII en que aparezca por primera vez el término “Estética” (Aesthetica) como disciplina filosófica que estudia la Belleza, término acuñado por el alemán Alexander G. Baumgarten y desarrollado por los subjetivistas mencionados anteriormente, que identifican lo bello con el gusto particular de cada uno. Otro alemán, Immanuel Kant, define la Belleza como “un placer libre y desinteresado”, pero no es una necesidad de los sentidos como el beber o el comer ni una necesidad de la razón como el concepto del Bien o del Mal.

Lamentablemente, todas las definiciones de lo bello que se han intentado hacer a lo largo de la Historia han fracasado, quizá porque existe demasiada terminología para definir lo bello y nos perdemos en los diccionarios: hermoso, lindo, majo, bonito, precioso, agraciado, primoroso, grato, excelente, elegante, escultural, fino, atractivo, majestuoso, noble, delicioso, espléndido, sublime,…

Creo que me quedo con “sublime” y Kant también.

No obstante, él definía con mucha más precisión los conceptos y afirmaba que había una notable diferencia entre lo bello y lo sublime. Para Kant lo bello es una realidad y como tal realidad somos capaces de percibirla y, por tanto, de describirla con nuestro lenguaje. Indudablemente, experimentamos un placer ante un concierto o una pintura, un placer de los sentidos. Pero esa parte sensorial no es la única, tiene que existir un juicio, es decir, hay que pasar esa sensación por el tamiz de la razón.

La contemplación de algo sublime, según el filósofo alemán, “sobrecoge al hombre” y le hace ser consciente de la supremacía de la razón. Sobre esto tengo mis dudas, aunque coincido con él en que cuando experimentamos algo sublime, también nosotros nos engrandecemos, nos hacemos más dignos y, quizá, más… bellos.

MhB

Anuncios

2 comentarios sobre “A vueltas con la Belleza

    A vueltas con la Belleza | Dalequedale.com escribió:
    17/05/2014 en 13:59

    […] A vueltas con la Belleza […]

    maelozano escribió:
    18/05/2014 en 16:06

    Una gran reflexión sobre la importancia de la Belleza y la Estética en nuestras vidas, más allá de los aspectos más superficiales. Gracias, un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s