¿Miedo a ser felices?

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La felicidad es un asunto que ha preocupado al ser humano desde que tiene conciencia de tal.

Todas las disciplinas del conocimiento, desde la Psicología a la Ética, la Teología, la Filosofía, la Sociología, la Medicina, etc… han intentado definir qué es y cómo se obtiene. Y siempre se llega a la misma conclusión: la felicidad es lo más importante para el hombre, y aunque lograrla es a priori fácil, la realidad nos demuestra que es lo más difícil de conseguir.

felicidad

Pasamos toda la vida persiguiendo la felicidad y raramente oímos a alguien que lo haya conseguido, y cuando escuchamos a alguien decir que es feliz, lo miramos como a un bicho raro, como si estuviera loco o fuera un místico.

Acotar la felicidad es complejo, de hecho llegamos a confundir los términos de felicidad con otros como el de alegría. La felicidad implica siempre una cierta armonía interna, una sensación de bienestar y de paz internas que se mantiene en el tiempo. La alegría, en cambio, es un sentimiento más emocional, una especie de estado de satisfacción que siempre es más efímero que la felicidad. Incluso para conjugar ambos conceptos se usan dos verbos claramente diferentes, ser y estar: se “está” alegre y se “es” feliz.

De hecho, una persona puede estar alegre o estar siempre de buen humor pero no por ello ser feliz, como mucho quizá sea simplemente… menos infeliz. Del mismo modo, tendemos a acumular en nuestro día a día y de manera compulsiva muchos momentos alegres para justificar que somos felices y eso no deja de ser un autoengaño. De hecho, un camino no lleva al otro.

Aristóteles se acercaba al concepto de la felicidad llamándolo eudaimonía  o “plenitud de ser”, y lo definía como un estado de la mente y del espíritu humanos que estaba relacionado con el placer y la alegría. El hombre, según el filósofo griego, busca en su vida esa plenitud de ser, y la busca como el fin último, como la meta a alcanzar, es decir, que la finalidad del hombre estriba en ser feliz. Parece una obviedad pero… ¿realmente lo es?

Siempre según Aristóteles, el hombre piensa que puede alcanzar la felicidad a través de la riqueza, de la fama o del placer puro y duro, pero está equivocado, pues solo la puede alcanzar mediante la virtud, o lo que es lo mismo, la felicidad es una “actividad” del alma alentada por la virtud perfecta. Casi nada.

El debate sobre la felicidad es eterno y parece complicarse cada vez más.

Pero siempre hay un verbo al que recurrimos cada vez que hablamos de la felicidad: “alcanzar”, alcanzar la felicidad. Es un concepto de posesión, de pertenencia, sinónimo de “tener” y que se aleja de la idea inicial -y final- que es “ser”, ser feliz. En nuestra sociedad seguimos recurriendo a las “falsas vías” para conseguir la felicidad ya enunciadas por Aristóteles hace más de dos mil años: conseguir dinero, conseguir poder, reconocimiento y fama. Todos decimos, quizá con la boca pequeña, que podemos ser felices con muy pocas cosas, pero seguimos acumulando objetos y experiencias, y seguimos anhelando tener muchas más, pero es un proceso frustrante porque la acumulación de cosas no nos produce la plenitud deseada. El propio Tolstoi daba alguna pista al respecto al considerar que la felicidad de uno consistía más en saber apreciar lo que se tiene que no en desear con exceso lo que no se tiene.

Indudablemente, creo que para poder hablar de cuestiones metafísicas hay que tener cubiertas las necesidades físicas, al menos las necesidades básicas: la alimentación, una vivienda, una buena salud y el amor de los seres que nos importan. Con esto ya es posible plantearse si uno es o no feliz.

El enfoque aristotélico también lo asume la Psicología, planteando una doble dimensión que habla, por un lado, de la felicidad como alegría, gozo, diversión o placer y, por otro, de la felicidad a través de la paz, de la satisfacción con uno mismo, de sentirse realizado, de la tranquilidad de espíritu, etc… Obtener las primeras nos puede acercar a la felicidad pero al conseguir las segundas estaremos aún más cerca de conseguirlo. De hecho, es más que habitual encontrar personas que, a pesar de sufrir enfermedades o problemas de salud, o carecer de los mínimos recursos para la subsistencia, afirman sentirse felices al estar satisfechas consigo mismas, o al haber alcanzado la paz espiritual.

Quizá la virtud, incluso aquella de la que hablaba Aristóteles, esté precisamente en el término medio, en un lugar en el que tengamos asumido que podemos equivocarnos respecto a lo que pase mañana pero en el que nunca nos equivocamos respecto de los que sentimos en el presente.

Lo que queda claro es que hay millones de caminos diferentes para llegar a la felicidad y que varían de una persona a otra, de tal manera que lo que a uno le produzca una gran satisfacción puede ser una pesadilla para otro. Aunque parezca un proceso determinado por los demás, mediatizado por el grupo al que pertenecemos o influido por la sociedad en la que vivimos, la búsqueda de la felicidad es en realidad un proceso absolutamente individual, y es independiente de lo que se hace y de lo que se tiene. Solo depende de lo a gusto que se esté con lo que uno tenga, con lo que uno haga y con lo que uno sea. La búsqueda de la felicidad se hace dentro de la mente de cada uno, pues dentro de ella están tanto las razones para ser infeliz como las que se precisan para ser feliz.

Ante la dificultad de encontrar la felicidad, muchas veces simplemente decidimos pensar que no la vamos a encontrar nunca, perdemos la esperanza de encontrarla o nos obsesionamos en pensar que la felicidad es la que tiene el vecino. Curiosa es, en cambio, la actitud vacilante que tenemos ante la felicidad: la buscamos con intensidad pero cuando ya estamos en el camino que nos lleva a ella sentimos miedo ¿es simplemente que tenemos miedo al fracaso, a no alcanzarla? o quizá ¿tenemos miedo a conseguirlo?

¿Tenemos miedo a ser felices? Esta pregunta final siempre me provoca una extraña sensación de vértigo.

Posiblemente, la felicidad de uno dependa de que realmente queramos ser felices.

MhB

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4 comentarios sobre “¿Miedo a ser felices?

    Yolanda M escribió:
    23/05/2014 en 14:51

    Me has hecho reflexionar.. Y me pregunto: ¿con la felicidad se nace? ¿se tiene físicamente una predisposición a ser feliz?, o, por el contrario, se aprende a ser feliz según los roles que nos haya tocado vivir dentro de la familia, la escuela etc…
    No obstante yo soy mas como Tolstoi .

      marcelhbrunner1 respondido:
      24/05/2014 en 11:44

      Ciertamente, no se si existen genes específicos en nuestro ADN que predispongan a unas personas a ser más felices que otras.
      En gran medida, creo que la felicidad depende de nosotros mismos aunque es cierto que hay actitudes vitales que se heredan. A lo largo de nuestra vida, sobre todo en la infancia, podemos aprender distintas maneras de modelar nuestro carácter que, a la larga, nos permitan ver el horizonte con positividad. Esa positividad facilita el camino hacia la felicidad, aunque tampoco lo asegura.
      Hay personas que también heredan los caracteres negativos de sus progenitores y, como bien dices, del ambiente en el que les ha tocado vivir. Estos aspectos dificultan la búsqueda de la felicidad pero tampoco la cierran del todo.
      Piensa que la felicidad no consiste en no tener problemas sino en sentirnos en armonía con nosotros mismos y, por extensión, con los demás,… aunque tengamos muchos problemas.
      Gracias por tu comentario.

    Elizabeth escribió:
    28/05/2014 en 17:04

    Es cierto que si un dia estas contenta por alguna razón, eso no quiere decir que seas feliz. la felicidad es algo que todo el mundo busca pero pocos la encuentran. Quizás si alguna vez existió la felicidad en nuestras vidas puede haber sido en la niñez, pues las cosas se ven de un modo muy diferente a cuando se es adulto. En la madurez buscamos y buscamos… unos poder otros mejorar su economia, amores no correspondidos y otras tantas cosas que de niño ni te imaginas.
    Si has tenido la gran fortuna de tener a todos los miembros de tu familia y has podido vivir al margen de las penurias.
    Después creces y te vas dando cuenta que la felicidad que hasta ahora habias tenido se va esfumando, y que ya nada será igual por muchos dias alegres que tengas, si alguien de tu familia se va.
    ¿Cómo se puede ser feliz si te inunda esa tristeza ?
    Días felices, si. Ser feliz es….muy dificil.

      marcelhbrunner1 respondido:
      05/06/2014 en 21:47

      Observo en tu comentario un poso de tristeza y resignación.
      Indudablemente la perspectiva vital de un niño, con todo un brillante mundo por descubrir ante sus ojos, no tiene nada que ver con la perspectiva del adulto que tiene ya acumuladas muchas experiencias buenas y malas, una de ellas la de la finitud, la de los demás y la suya propia. No puedo darte consejos porque, aunque la gente dice que el tiempo lo cura todo, yo no estoy de acuerdo con ello, creo que el tiempo no cura nada por si solo, lo que realmente puede curar esas heridas del alma es la actitud que tengamos ante el origen del dolor.
      Lo que si puedo asegurarte es que vivimos con el tiempo prestado y que en algún momento hay que devolverlo. En este sentido, nuestra vida se reduce a robarle trocitos al tiempo para acabar valorando lo mucho que vale cada momento.
      Disfruta pues de cada momento de tu vida, amiga mía.

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