Filosofía de andar por casa (2ª parte)

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Si no lo entiendo, es capricho de un dios.

En todas las culturas, el hombre se plantea preguntas muy sesudas sobre los fenómenos que no puede explicar, y así lo hace tanto en Egipto como en Babilonia o en Persia, sin ir más lejos. La herramienta que tiene más a mano para responder a esa pregunta es su imaginación. Con ella, el hombre inventa historias de dioses, semidioses y superhombres y así… “va tirando”. Estas historietas son los “mitos”, de allí vienen los conceptos de “Mitología” y “lo mitológico”, que usamos al referirnos a aquellos relatos que nos “sacamos de la manga” para intentar explicar los hechos que no podemos verificar de manera objetiva.

Al utilizar el mito para dar respuesta a estas preguntas, el hombre se obliga a sí mismo (y a los de al lado) a “creer” y, aunque en el fondo le chirrían un poco todas estas historias, por el momento le solucionan el problema. Por el momento…

Pero ¡ojo!, ni el mito ni la Mitología los vamos a considerar filosofía, en todo caso se pueden considerar religión o parte de la religión, pero eso no es filosofía ¿vale?

 

El duro camino del Mito al Logos.

Hemos quedado que el mito es una narración fabulosa sobre aquellos temas inexplicables para el hombre. Hay mitos para aburrir, y podemos entretenernos los próximos 20 años en hablar de ellos y, os aseguro, que no habremos terminado. Pero aunque existan tantos mitos en todas las culturas, siempre hay temas que se repiten; son los temas que se plantea el hombre la mayoría de las veces al mirarse su propio ombligo: qué es el hombre, cuál es el origen del hombre, por qué vivimos y por qué morimos, etc…

Los mitos tienen una serie de características en las que merece la pena que nos detengamos un momento: la primera ya la conocemos, el mito sale de la cabeza del hombre o sea que es producto de su imaginación. La segunda es que los mitos se transmiten de padres a hijos, de maestro a alumno y de vecino a vecino, porque es la tradición del grupo en el que vive el hombre, pero además es una tradición que no admite ninguna crítica, “esto es así y… punto”. Otra característica es que los mitos siempre se construyen a imagen y semejanza del hombre, los dioses que aparecen en los mitos tienen forma de hombre, tienen imperfecciones como los hombres, sienten amor, odio, deseos de venganza, ira, lujuria,… al igual que los hombres, e incluso los mundo en los que viven parecen enormes construcciones de la arquitectura humana. Y, por último, los mitos siempre echan mano de símbolos y, de esta manera, tanto el amor como la guerra, la fertilidad o el odio se convierten en personajes de estas historietas, llegando a confundirse el símbolo con lo que simboliza.

Pero el hombre tiene un par de características “muy humanas” que son su curiosidad y su espíritu crítico: ¿qué c… es ésto?  y Sí… pero… Así que no puede evitar hacerse preguntas a todas horas y sobre todos los temas que se le ocurren, pero el mito no le deja satisfecho ni cuando pregunta mirándose al ombligo y menos cuando se da cuenta de que el grupo le impone los mitos por el “artículo treinta y tres” sin poder criticarlos. “lo de que me he enamorado porque Afrodita me ha bendecido, mola… sí, pero… lo de que estoy enfermo porque Asclepíades, el hijo de Apolo, está mosqueado conmigo… no sé, no sé… y además no puedo salir a pescar porque Poseidón anda cabreado y hay galerna… y encima Zeus está jugueteando con sus rayos y sus truenos…”

En fin,… el hombre empieza a buscar respuestas diferentes a las mismas preguntas. Pero lo que quiere encontrar son explicaciones que se acomoden a su cerebro, respuestas bien argumentadas y que se obtengan del debate con otros hombres. Así que,… ¡por fin!… ha nacido la explicación racional, lo que los griegos llaman “logos”.

El “logos” es el conjunto de conocimientos que el hombre adquiere a través de la razón y no de las creencias, así que… adiós mitos, adiós.

Pues bien, este conocimiento a través de la razón también tiene una serie de características en las que debéis deteneros: si en el mito las cosas ocurren por capricho de los dioses, con el logos, es decir usando la razón, las cosas ya no ocurren arbitrariamente, ya hay una cierta previsión sobre cómo, dónde y cuándo deben suceder estas cosas. El mito siempre viene rodeado de caos y si, como dice mi esposa, “no hay nada peor que el desorden y la falta de previsión”, el mito provoca precisamente eso, desorden, imprevisibilidad y caos. Esto de tener que depender de si los dioses se han levantado hoy de buen rollo y no les dé por jugar conmigo, debe ser angustioso para todo hijo de vecino. Así que el logos le permite al hombre recuperar cierta confianza en sus capacidades y sentirse que, aunque no sea capaz explicarlo todo, al menos puede intentarlo. Y, con ello, se abre una nueva puerta… ¡podemos investigar cómo ocurren las cosas! ¡Vaya adelanto!

MhB

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Un comentario sobre “Filosofía de andar por casa (2ª parte)

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