El profesor ante la pizarra digital

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La sociedad de la información en la que vivimos, ha traído aparejados innumerables cambios de la mano de unas nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC), que la han hecho mucho más global, más asequible, más multicultural e incluso más democratizadora en el reparto del conocimiento.

La escuela, en este sentido, es un reflejo de la sociedad, o al menos debería serlo, y por ello no puede quedar al margen. La aplicación práctica de las TIC en el ámbito escolar posibilita desde hace 20 años una revolución inimaginable en las metodologías educativas. El uso adecuado e inteligente de estas nuevas tecnologías en el aula permite que se incremente la calidad de lo que se enseña, aumente la comunicación entre profesor y alumno, se favorezca la motivación en el aula, se facilite el acceso a la información, se fomente el aprendizaje cooperativo, el individualizado, el autoaprendizaje y la tan anhelada flexibilización de la enseñanza.

La pizarra digital interactiva (PDI) es una TIC de gran implementación que está ya recogiendo sus frutos. El uso de la PDI en el aula puede ser un sencillo primer paso para que los docentes tengan su primer contacto con las nuevas tecnologías y perder ese temor inicial, que siempre existe, ante lo novedoso o lo revolucionario.

pizarra digital

 

La pizarra digital interactiva (PDI) es un recurso tecnológico y didáctico del que disponen los docentes y que se utiliza para apoyar, potenciar e incentivar el aprendizaje de los alumnos en el aula.

Trabajar con la PDI obliga a los profesores a cambiar sustancialmente de actitud, antes y durante la clase. Hoy en día es muy habitual trabajar en clase con ordenador e internet, ya sea en la simple función de proyector de los esquemas de la lección a desarrollar o para interactuar con gráficos o mapas, imágenes, fotografías o vídeos. Pero con la PDI se da un enorme paso adelante que deja casi obsoletas a estas otras herramientas.

Acercarse a la PDI como elemento de apoyo a la docencia se debe hacer con una actitud nueva, quizá más moderna, una actitud que redundará en un aprendizaje más dinámico, más interactivo, más centrado en lo que el alumno sea capaz de descubrir y crear.

Pero también hay que ser honestos y, en cierto modo, desmitificar el uso de la PDI; se debe tener bien claro que el simple hecho de introducir esta herramienta tecnológica en el aula, a priori, no garantiza ningún resultado, como mucho puede aportar un toque de modernidad a las infraestructuras escolares. Todo va a depender del trabajo previo del docente, de lo que el docente haya diseñado anteriormente con la PDI para ponerlo en práctica después ante sus alumnos. El maestro tiene que invertir una gran cantidad de tiempo extra para dominar la PDI y sobre todo para diseñar materiales didácticos para sus clases. Precisamente, esta necesidad de invertir tiempo, del que muchas veces no se dispone, suele ser el principal argumento esgrimido por los docentes detractores de la PDI.

En este sentido, repito, la preparación de los recursos didácticos a desarrollar con la PDI precisa de un trabajo previo muy exhaustivo y profundo. Exige tiempo para la preparación de las clases y tiempo también para el perfeccionamiento de las habilidades del docente con la pizarra. En vista de que las funciones del profesor cambian sustancialmente, él mismo debe ser consciente de la necesidad de un cambio de actitud ante su modo anterior de enseñar. A corto plazo, este esfuerzo se verá recompensado en el alumno, pues veremos que muy pronto el chico, al tiempo que interacciona con el aparato, lo hace también con sus compañeros y recupera tanto su capacidad de descubrimiento como la de creación.

Antes de trabajar con la PDI es fundamental que el profesor reciba la formación adecuada para conocer y dominar las posibilidades de este recurso tecno-didáctico, los distintos software y programas que se pueden usar con la pizarra. Las posibilidades de la PDI son infinitas y no exigen de una enorme preparación técnica para su dominio. Es cierto que, al principio, plantean un cierto reparo a los profesores más reticentes en el uso de las TIC en sus asignaturas pero, una vez superadas estas primeras dudas, los resultados se precipitan.

Una vez que el docente ha adquirido los conocimientos básicos para trabajar con la pizarra digital, se apreciará de inmediato que la PDI brinda también una oportunidad única y muy interesante a aquellos profesores que quieran actualizar sus conocimientos y ponerlos a la altura del siglo en curso. El profesor descubrirá que se le ofrecen gran cantidad de recursos didácticos y métodos novedosos de enseñanza que complementan perfectamente el “modo clásico” de su docencia. Además, como las PDI utilizan códigos y lenguajes audiovisuales fácilmente reconocibles por sus alumnos, como animaciones, esquemas, imágenes explicativas, etc… se facilita la asimilación de conceptos complejos y se reduce el tiempo de explicación abstracta de los mismos. Además siempre contamos a nuestro favor con el hecho de que los alumnos ponen mucha más atención e interés ante un estímulo tecnológico, sobre todo si dicha tecnología es similar a la que usan habitulmente en sus Smartphone, tabletas u ordenadores.

 

¿Qué se puede hacer en el aula con una PDI?

Por lo pronto, el concepto de la clase va a cambiar radicalmente a uno más dinámico y que favorece la interacción del alumno en la clase.

  • En clase se pueden, evidentemente, desarrollar los contenidos de la asignatura pero haciéndola más atractiva a los alumnos con lo que su disposición ante la clase es mucho más positiva.
  • Se pueden ampliar el número y la calidad de los recursos que usamos en clase: todo tipo de imágenes, vídeos, reconstrucciones, simulaciones, animaciones,… que podamos encontrar en internet.
  • La pizarra es interactiva, por lo que permite usar lápices ópticos sobre ella, o incluso usar con los dedos todos los programas o software que haya en el ordenador-base.
  • Acceder a internet es muy útil puesto que se pone a nuestra disposición una inmensa cantidad de páginas web, tanto específicamente educativas como explicativas del tema a desarrollar. Además podremos acceder en tiempo real a toda la prensa digital, a diccionarios, a traductores, a tesauros, enciclopedias virtuales, buscadores de información, páginas de universidades, etc… con lo cual a los alumnos también se les enseña de qué modo puede acceder a toda esta información cuando hagan uso de internet en su casa.
  • Organizar la clase con más eficacia, de esta manera se puede calcular el tiempo de la explicación de cada lección y ajustarse con facilidad al tiempo que se tenga asignado para la clase.
  • Se pueden almacenar todas las clases que se hayan dado con la PDI en la memoria digital del ordenador-base y, con la misma facilidad, se puede recuperar en cualquier momento una explicación dada anteriormente o, desde allí mismo, proceder a imprimir algún tema que se desee entregar, enviar vía correo o vía pen-drive a los alumnos.
  • Se pueden diseñar nuevas maneras de trabajar con los alumnos y nuevas formas de que los estudiantes interactúen y se relacionen también entre ellos. La PDI nos permite escribir, anotar y guardar todas las ideas que surjan en clase, tanto las preguntas como las respuestas, las dudas y las opiniones.

Esta última característica supone una gran ventaja, puesto que el profesor y los alumnos pueden almacenar, mover y volver a usar cuando lo deseen los archivos que se generen en cada clase. La posibilidad de volver sobre conceptos ya adquiridos y revisitar sin dificultad y de manera inmediata clases anteriores nos permite afianzar conceptos e incluso preparar los próximos exámenes. Todos estos archivos de clase se pueden, como ya he dicho, imprimir o entregar en formato digital al alumno, o alojarlos en el blog de clase, o mandarlos por correo electrónico a los alumnos. Tanto los alumnos presentes como los ausentes tienen acceso a los conocimientos impartidos en clase y ello, incluso, facilita a los padres una mejor interacción con el proceso educativo de sus hijos, en tanto conocen de primera mano qué y cómo es lo que se está dando en clase.

Sin la PDI el docente debe empezar cada nueva clase recapitulando lo que se ha hecho en la anterior, revisando los apuntes, los esquemas o el capítulo x del libro. Con ello ya se está perdiendo un precioso tiempo de la clase tan solo en esta labor de resumen previo.

Por otro lado, la PDI transforma la clase en algo mucho más dinámico e interactivo. Ese mismo arranque de la clase antes citado puede venir apoyado por unos recursos visuales mucho más explícitos, e incluso los alumnos verán en la pizarra digital elementos de su colaboración en la clase anterior, lo que aumenta el interés y la motivación, al sentirse de nuevo elementos dinámicos de su propio proceso educativo.

Puede parecer que la PDI es la gran solución a todos los problemas con los que se encuentran los docentes en el aula, pero no es cierto. La PDI es una ayuda tecnológica y es cierto que tiene muchas ventajas, muchas más que otros aparatos que se usan habitualmente. Es muy útil sobre todo en los procesos en los que se intenta que los alumnos desarrollen un pensamiento autónomo, independiente, e incluso si queremos que sean ellos los que interpreten el rol de maestro y se hagan creadores de su propio autoconocimiento. Pensar que por el mero hecho de usar la PDI ya mejora los procesos de aprendizaje y de enseñanza es absurdo y falso. La PDI es un recurso tecnológico muy atractivo que ayuda o complementa las clases. Ayuda y complementa.

 

La PDI también plantea problemas

El principal problema viene del hecho de ser una tecnología nueva y, por lo tanto, depende de cómo sea capaz de entenderla el profesor. Si el docente no se implica a fondo en sus posibilidades, la pizarra quedará como un “trasto bonito” pero sin mucha utilidad pedagógica. Tener una PDI y seguir usando el modo clásico de enfocar la clase es un contrasentido; es absurdo e inútil continuar usando el modo de dar la clase “unidireccional”, en que el profesor explica y el alumno recibe la explicación. Podemos llenar la pantalla de la PDI de bonitas imágenes o de coloridas presentaciones PowerPoint,… pero si no cambiamos la actitud hacia el alumno, fomentando su dinamismo, es decir, que actúe en clase, que interactúe con el profesor y con el resto de sus compañeros, seguiremos anclados, sin avanzar en un modo de enseñar en que el alumno tiene el rol pasivo, que es habitual del sistema pedagógico convencional.

Hay más dificultades añadidas con las que se suelen encontrar los docentes en clase cuando usan la PDI. Hay una cuestión claramente psicológica que afecta a posibles cambios en los roles, y en ello los profesores suelen ser más reticentes. Al hecho de que el maestro suele sentirse incapaz de asumir esta tecnología y de incluirla en el devenir de su explicación se le une el que incluso pueda llegar a tener la sensación de perder el control si deja mucho tiempo la clase en manos de sus alumnos. Por otro lado, sus alumnos sienten de golpe que tienen que cambiar de una actitud pasiva ante la lección a otra diametralmente opuesta en la que se les exige que actúen en clase, y ese temor a arrancar existe, sobre todo en los inicios del uso de la PDI.

También es cierto que, al principio, se tiene la impresión de que se pierde mucho tiempo en la búsqueda de información sobre lo que se va a explicar y que hace falta mucho material de apoyo para trabajar una clase con PDI. Por otro lado, el uso de cualquier tecnología siempre genera una cierta distracción: los alumnos se preocupan más del funcionamiento de la pizarra que del contenido de la lección que se va a impartir con ella.

Todas estas dificultades, obviamente, se solucionan con el tiempo y con la práctica.

 

Apostar por la pizarra digital

Recapitulando, la pizarra digital (PDI) es una herramienta extraordinariamente atractiva que nos permite interactuar más y mejor que con una simple pantalla de ordenador, siendo esta interactuación doble: con el propio aparato y con los alumnos, puesto que se mantiene un contacto visual directo con los alumnos sin perder de vista la pantalla.

El uso de materiales multimedia favorece que el alumno participe más en la clase, atienda a la explicación y la comprenda mejor, y que muestre más interés por los contenidos que se le ofrecen. La eficacia de la pizarra digital está siendo demostrada día a día por los centros que deciden correr el riesgo de adquirirlas; las posibilidades educativas tanto para los alumnos como para los profesores son novedosas y revolucionarias.

En la actualidad su uso se está multiplicando rápidamente pero hay que entender que para que este recurso funcione tiene que existir previamente una exhaustiva inversión en la formación del docente que las vaya a usar, para conseguir el máximo aprovechamiento de las múltiples posibilidades que ofrece esta herramienta.

MhB

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4 comentarios sobre “El profesor ante la pizarra digital

    Suzanne escribió:
    13/08/2014 en 18:48

    En efecto, la PDI es un elemento útil en la enseñanza, pero es importante que el profesor tenga la suficiente formación y crea en un tipo de pedagogía CAIT (Constructivo, Autoregulado, Interactivo y Tecnológico). Según las valoraciones del profesor Marquès Graells, con este recurso, la pizarra digital, se emplea una perspectiva socioconstructivista. Mediante este tipo de pedagogía el aprendizaje es una construcción de significados personal y a la vez compartida: el conocimiento sólo existe en la mente de quien lo construye. En resumen, los alumnos desarrollan habilidades y las relacionan con lo que ya conocen, con su saber anterior, construyen ellos mismos relacionando con lo que conocen y en equipo.

      marcelhbrunner1 respondido:
      02/09/2014 en 16:01

      Gracias por tu inestimable aportación sobre el constructivismo en la educación. Coincido contigo en que los profesores, al desconocer estos recursos no son capaces de aprovecharlos adecuadamente en el aula.

    Gloria Ibáñez Ruiz escribió:
    13/01/2015 en 12:44

    Totalmente cierto que es una herramienta versátil y atractiva para un alumno desganado y poco motivado, y amplia lo que tanto buscamos- el constructivismo educativo. Pero me gustaría compartir 2 objeciones- que quizá estemos poniéndoselo al alumno, otra vez, todo masticadito y en bandeja, e incluso haciendo las veces de su propia mente, al mostrarle lo que tiene que recordar de la clase anterior o de un comentario anterior, y por otro lado creo, y corríjanme si me equivoco, que no se necesita una pizarra virtual para hacer un alumno que interaccione y no sea pasivo,es el cometido de la enseñanza o al menos lo que debemos perseguir los que creemos en el modelo de educación donde se enseña al alumno a aprender a aprender, un alumno pensante y trabajador. Podría ser más adecuado no dejar mucho tiempo de lado el cometido del profesor, que es precisamente hacer alumnos activos y reflexivos, sin abandonar por supuesto el uso auxiliar de esta herramienta, para determinados ejercicios o puesta a punto de materias, mapas conceptuales, etc…

      marcelhbrunner1 respondido:
      16/01/2015 en 18:52

      Estimada amiga:
      La pizarra digital es una herramienta (tan solo eso) que los docentes podemos utilizar para apoyar, potenciar e incentivar el aprendizaje de nuestros alumnos. Por sí sola no soluciona ningún problema pues depende del uso que hagamos de dicha tecnología. Parafraseando a Howard Gardner, la PDI es una herramienta que puede ser “capacitadora” en tanto nos permita ampliar el abanico de oportunidades educativas, o lo que es lo mismo, generar nuevas formas de transmitir el conocimiento y nuevos modos de conectar con nuestros alumnos.
      Indudablemente no es necesaria una pizarra virtual para lograr interactuar con ellos ni para sacarles de su pasividad. Esta es una cuestión que, como bien sabe usted, depende de múltiples factores: del propio alumno, del propio profesor, del contenido a impartir, del método usado, del entorno educativo, del contexto social, etc.
      Lo que es evidente es que vivimos en una sociedad digital; una sociedad que evoluciona tecnológicamente a un ritmo vertiginoso y que nuestros hijos (y alumnos) ya no son solamente “nativos digitales” sino que conviven con absoluta naturalidad con esta tecnología digital.
      El consejo que ofrezco al profesor (pues para él está dedicado este artículo) es que procure mantenerse bien formado en estas tecnologías digitales para no perder el contacto con la realidad de nuestros jóvenes, y aprovechar las sinergias que entonces se crearán, para, como usted bien dice, hacer activos y reflexivos (y mucho más) a nuestros alumnos.
      Gracias por su amable aportación.

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