Detectar TDAH en el aula

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El TDAH o trastorno por déficit de atención con hiperactividad es un trastorno de la conducta de origen neurobiológico que tiene un fuerte componente genético. No estamos hablando de una cuestión anecdótica ni de un problema marginal; nos encontramos ante un síndrome que es mucho más habitual de lo que se piensa pues llega a afectar a casi el 10% de los niños y jóvenes, y suele ser la causa de casi el 40% de las consultas que se requieren de los servicios de psiquiatría infantil y juvenil, siendo mucho más frecuente, el triple de veces, en chicos que en chicas.

Al principio se pensaba que esta disfunción solo se producía en la edad infantil pero, según se fue investigando y conociéndola mejor, se observó que el TDAH se extendía en la adolescencia y que incluso se volvía crónico, de hecho, más del 70% de los niños con TDAH mantienen los síntomas cuando se hacen adultos.

tdah-niño

 

Este trastorno del comportamiento de origen neurológico suele tener una serie de características que a los docentes nos dan pistas en clase: los alumnos con TDAH suelen parecer especialmente distraídos, les cuesta prestar atención en periodos relativamente largos, suelen estar siempre activos, “en marcha”, moviendo las piernas, las manos, los dedos…, sufren altibajos en sus emociones, tan pronto están “arriba” como “abajo” y suelen tener conductas y reacciones impulsivas.

Los síntomas del TDAH empeoran en las situaciones en las que al chico se le exige un esfuerzo mental más sostenido o una atención más larga, o en aquellos casos en que la clase es aburrida o poco novedosa, o lo que se está explicando no es atractivo, por ejemplo atender una explicación del profesor, leer una lección larga o un libro extenso, hacer tareas repetitivas o monótonas, o simplemente hacer los deberes en casa. 

Los docentes nos encontramos habitualmente con chicos de una capacidad intelectual normal e incluso superior a los demás pero cuyo rendimiento académico global es escaso, a pesar de no tener ningún retraso mental ni padecer ningún problema sensorial que les limite, ni estar afectados por factores culturales o sociales que les mediaticen. Sufren de un problema de atención, lo que se suele denominar un trastorno por déficit de atención pero incrementado por su hiperactividad. Esta hiperactividad hace que el chico tenga una gran dificultad para controlar sus impulsos, por ello se comporta inadecuadamente en clase y tiene serias dificultades para seguir y participar en las explicaciones.

Hay una serie de conductas que se pueden observar claramente en el devenir de una clase y que nos puede alertar sobre la presencia de este síndrome:

  • Los chicos que sufren esta disfunción se distraen con facilidad durante las explicaciones de clase o lo hacen si tienen que estudiar algo más largo de lo normal o hacer algún ejercicio que no sea breve.
  • Se suelen distraer jugando con pequeños objetos que traen de casa.
  • Se levantan de su silla o no paran de moverse en su sitio.
  • Empiezan las tareas sin leer previamente las instrucciones.
  • Hablan sin respetar el turno o interrumpen la explicación del profesor.
  • No tienen paciencia cuando les toca esperar su turno en la fila, en el recreo o en el comedor.
  • Sin darse cuenta tararean o cantan en medio de la clase.
  • Tienen reacciones muy impulsivas y a veces incluso violentas cuando algún compañero les molesta.
  • Tienen problemas de relación con sus compañeros sobre todo por no compartir los objetos comunes de la clase o, a veces, por apropiarse de cosas que no son suyas.
  • Suelen abandonar las tareas difíciles y necesitan cambiar rápidamente de actividad, demostrando una muy baja tolerancia a la frustración. 

Indudablemente, esta relación de conductas es muy subjetiva y puede llevar a cierta confusión, por ello no debemos precipitarnos ni alertarnos innecesariamente si nos encontramos con un chico que, de manera puntual, incurra en alguna o varias de ellas. De hecho, cualquier chico puede, en algún momento, caer en estas conductas y no por ello padecer ningún problema. Para que estos síntomas verdaderamente nos alerten y decidamos informar al Orientador Educativo del colegio, hemos de tener en cuenta que el chico debería incurrir en la mayoría de estas conductas y, además, hacerlo de manera habitual.

De hecho, los expertos en Psicología infanto-juvenil recurren habitualmente a la Estadística para clasificar estos trastornos, de tal manera que solo valoran síntomas de desatención, hiperactividad e impulsividad cuando persisten seis o más conductas a la vez y durante un periodo mínimo de 6 meses, de entre las siguientes: 

Síntomas de desatención:

  • El chico tiene dificultad para organizar sus tareas o actividades.
  • Se distrae con facilidad con cualquier estímulo irrelevante.
  • Es descuidado en las actividades diarias.
  • No presta atención a los detalles y se suele equivocar en sus tareas del colegio u otras actividades por descuidos.
  • Tiene dificultad para mantener la atención en las actividades más habituales, incluso en las lúdicas.
  • A veces parece no escuchar que cuando se le habla directamente.
  • No sigue las instrucciones para hacer sus deberes o simplemente no los finaliza.
  • Le molestan las tareas que requieren de un esfuerzo mental prolongado (tanto las labores de la casa como los deberes del colegio).
  • Pierde los lápices, los libros o los cuadernos necesarios para hacer sus tareas. 

Síntomas de hiperactividad:

  • Mueve manos o pies constantemente y no aguanta tranquilo en su asiento.
  • Quiere abandonar su asiento en clase o le cuesta permanecer sentado cuando las circunstancias se lo exigen.
  • Corre e incluso salta en situaciones en las que no es adecuado hacerlo.
  • Actúa como si tuviera un motorcillo, como si todo su cuerpo estuviera en marcha.
  • Suele hablar a todas horas y en todo momento.
  • No es capaz de jugar tranquilamente a los juegos habituales. 

Síntomas de impulsividad:

  • Le cuesta guardar su turno. 
  • Responde de manera precipitada incluso antes de haberse completado la pregunta. 
  • Interrumpe lo que hacen los demás.
  • Se entromete en conversaciones ajenas. 

No obstante, el análisis meramente estadístico no es suficiente, hay que tener en cuenta si los síntomas de hiperactividad, impulsividad o desatención antes citados ya estaban presentes en la etapa infantil, es decir, antes de que el niño cumpliera los 7 años de edad. También hay que valorar si estas conductas ocurren solo en el colegio o, por lo contrario, tienen lugar también en casa. Y, por otro lado, deben existir pruebas claras de que el chico tiene problemas reales de integración social o escolar (o laboral, más tarde), es decir, si sus conductas le están provocando un deterioro de su actividad en el colegio o en sus relaciones con otras personas.

Indudablemente, todo este análisis no es válido si existe un problema de base que afecte a otros tipos de trastornos, ya sean del desarrollo, mentales, de ansiedad, disociativo o de personalidad… pero en estos casos el asunto nos sobrepasa y se debe poner en manos de un facultativo.

 

Subtipos de TDAH 

Del mismo modo, el TDAH tampoco es un fenómeno aislado, puesto que el déficit de atención aparece combinado tanto con la hiperactividad como con la impulsividad. De hecho, existe lo que se llama TDAH tipo combinado, en el que aparecen síntomas de desatención y de hiperactividad-impulsividad en la misma proporción. Este caso es el más habitual, puesto que la mayor parte de los niños y adolescentes con este trastorno son de este tipo.

Pero también existe el TDAH con promedio de déficit de atención en el que predominan los síntomas de desatención sobre menos episodios de hiperactividad-impulsividad. O el TDAH con promedio hiperactivocompulsivo, en el que persisten los síntomas de hiperactividad-impulsividad por encima de la desatención.

Como se puede deducir, el TDAH es un problema muy complejo en el que la simple observación de estas conductas no es suficiente, por ello, el docente necesita tener un manual de base para empezar a comprender estos trastornos. La observación de la conducta de los chicos con estos trastornos se suele complementar con entrevistas y con la aplicación de escalas de medición conductual o test psicológicos. Todas estas pruebas son útiles para valorar y detectar estas deficiencias de atención pero no ofrecen por sí solas un diagnóstico eficaz. 

 

¿Por qué en el aula?

No hay que olvidar que la educación es un proceso de modificación. De modificación y de creación de cambios en nuestros alumnos; cambios, eso sí, orientados a la consecución de unos objetivos. Para ello, el profesor tiene la misión, paralela a la formación propiamente dicha en una o varias materias, de educar la conducta de los alumnos sobre los que actúa, pero para desarrollar esta misión debe tener una buena formación en las técnicas y metodologías que le permitan hacerlo.

La escuela es un microcosmos en el que se relacionan chicos y chicas de características similares, pero también existe en ella la relación con una serie adultos significativos que marcarán, para bien o para mal, el devenir futuro del muchacho o muchacha. En este pequeño espacio de socialización que es el colegio, los docentes podemos advertir determinadas conductas y ayudar a corregirlas.

Es cierto que el entorno escolar es como un círculo vicioso de acciones y reacciones que se entremezclan y de las que resulta muy difícil salir: déficit de atención, problemas conductuales, bajo rendimiento y abandono escolar, expulsiones de alumnos, etc… A todo esto se le une la realidad de que los alumnos con TDAH provocan en los profesores altos niveles de estrés que hacen que muchos docentes se agoten ante un problema que no les permite desarrollar “su clase” con soltura. Los americanos tienen una calificación para este estado del profesor y lo llaman “Burn Out” que es lo que nosotros llamamos “estar quemados”.

¿Qué hacer entonces? ¿Sacamos a los chicos con TDAH del aula para que no nos molesten? ¿Los aislamos en unidades especiales para ellos?

La respuesta es siempre difícil sobre todo cuando los centros presionan y son presionados para cumplir con unos temarios y obtener, encima, óptimos resultados académicos. 

Está claro que los niños con TDAH deben recibir una atención específica y que para conseguirlo se debe organizar su trabajo en el aula con respecto a las instrucciones de los servicios de apoyo y orientación del colegio. Lo fundamental es hacer un diagnóstico precoz: el colegio debe estudiar y valorar periódicamente los casos en que sus alumnos hayan presentado problemas de comportamiento, o aquellos casos en los que se intuyan problemas cognitivos y/o emocionales para poner en marcha planes de actuación con ellos. Tampoco hay que alarmarse innecesariamente ante un niño que haya sido expulsado de clase o del colegio por un problema de conducta, pero es fundamental investigar en el origen, en las causas de dicho comportamiento.

 

Formemos a nuestros profesores

Los centros escolares deben ofrecer a sus docentes programas de formación que les habiliten en el manejo de técnicas de modificación de conducta, técnicas para el mantenimiento de disciplinas y establecimiento de pautas, etc…, pero tengamos en cuenta que estas metodologías no son técnicas específicamente creadas para profesores sino de adaptaciones, es decir técnicas cognitivo-conductuales simplemente adaptadas a contextos escolares. La clave es fomentar el conocimiento del TDAH en el personal escolar.

El profesor no debe asustarse ante esta “nueva tarea” ni debe pensar en que se le va a exigir el convertirse en un psicólogo infanto-juvenil o que va a tener focalizar su esfuerzo en un solo niño con trastornos conductuales en detrimento de la mayoría de la clase. Todo es mucho más sencillo.

La formación que recibe el docente le va a permitir identificar los problemas del niño y comunicar su sospecha a los padres. Podrá identificar las necesidades educativas especiales del niño y participar en el diseño de un plan individualizado para él (actividades, maneras de intervenir, técnicas de motivación, materiales…). Sobre TDAH se habla con la familia con la misma normalidad con la que se plantea una tutoría, ofreciendo una colaboración positiva tanto con el niño como con su familia; una colaboración en la que se pactan con los padres las soluciones a los problemas académicos y de conducta del niño y se cierra un compromiso en el que cada uno se hace responsable de su parte.

El profesor debe observar y revisar periódicamente los progresos del niño. Debe ser capaz de ayudar al niño a integrarse socialmente y no tener una conducta disruptiva en clase que es, al fin y al cabo, un modo de integración social. Pero debe conocer que estas conductas negativas suelen venir provocadas por sentimientos de culpa, fracaso y humillación previos. El profesor debe ser sutil y nunca humillar a su alumno ni abrumarlo públicamente, favoreciendo en todo momento la colaboración con sus compañeros.

En el caso de chicos con TDAH es especialmente necesario que intensifiquemos la atención a las conductas positivas, para fomentar la autoestima del alumno, pudiendo ofrecerle, siempre a corto plazo, pequeñas recompensas a su trabajo y esfuerzo. Se consolidan las técnicas de enseñanza y repetición de instrucciones de forma clara y concisa, sobre todo evitando mostrar enfado, exasperación o sarcasmo. El maestro aprende a evitar la confrontación con sus alumnos puesto que ya sabe anticiparse a lo que puede ocurrir ante un determinado problemas (por ejemplo, permitirle a su alumno expresar su punto de vista sobre un problema antes de demostrarle que está equivocado, etc…)

De manera amplia, el docente debe acostumbrarse a basar su enseñanza, lo máximo posible, en experiencias concretas, en aplicaciones prácticas, frente a complejas teorías o generalizaciones en las que el alumno con TDAH se perdería sin remisión.

Mediante la formación del profesorado, se aprenden modos de crear y mantener una comunicación efectiva con el chico, comunicación centrada en la empatía y la asertividad.

Invertir tiempo y dinero en formación del profesorado para el mejor conocimiento de estos trastornos es, a medio plazo, muy positivo, porque incluso los costes que provocan, no solo en el ámbito escolar sino en el sanitario, son muy altos. La solución al problema solo se conseguirá con un esfuerzo conjunto de información, prevención e intervención temprana, y una coordinación eficaz entre los médicos, los padres y el colegio.

MhB

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2 comentarios sobre “Detectar TDAH en el aula

    jjose escribió:
    03/09/2014 en 07:58

    Sería conveniente que los profesores recibieran unas instrucciones sobre conductas de los niños, ahorraría muchos sufrimientos a los padres.
    Un abrazo.

      marcelhbrunner1 respondido:
      07/09/2014 en 15:22

      Desgraciadamente nuestro sistema educativo está más interesado en los resultados globales que en el objetivo particular de la educación de nuestro hijo. El proceso educativo escolar es ante todo una relación entre el maestro y el niño. El maestro debería ser formado para solventar los problemas en el trato diario con sus alumnos. Por ello su formación debería actualizarse constantemente para poder ser de ayuda para todos los chicos, incluidos los que tienen problemas de aprendizaje.
      Un abrazo.

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