Adicción a las Tecnologías

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En pocos años estamos asistiendo a una serie de cambios en nuestra sociedad que afectan a los modos de comunicarnos, a nuestra manera de interactuar, a las relaciones sociales, a la gestión de nuestra economía e incluso a la de nuestro ocio, toda una serie de cambios que han venido propiciados por las nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC).

En la mayoría de los casos estas tecnologías (internet, móvil, videojuegos, TV,…) han traído de la mano una innumerable cantidad de avances que han incrementado nuestra calidad de vida, pero también, y paralelamente, han comenzado a aflorar una serie de actitudes que están causando cierta alarma social sobre todo en todos aquellas cuestiones que afectan a los más jóvenes.

En nuestro país algunas asociaciones especializadas en la atención y el tratamiento de las dependencias y las adicciones (ATABAL, ARAD,…) han dado la voz de alarma sobre el incremento de personas que acuden a sus centros por tener “problemas de control” sobre sus móviles o sobre Internet.

Son problemas que están influyendo muy negativamente en diferentes parcelas de la vida de muchos usuarios de estas tecnologías, de tal manera que se empiezan a observar que actitudes que podríamos considerar “normales” como usar nuestro móvil, ver la TV o navegar por Internet, se convierten en actos sobre los que parece que giran nuestras vidas y sobre los que se pierde el control. Estas actitudes, que muchos ya anticipan como adicciones, son muy difíciles de detectar precisamente porque tienen que ver con actividades que hacemos de manera cotidiana en nuestras vidas. Nos encontramos ante el abuso de unas actividades que son normales y eso es lo que las hace diferentes de las adicciones a sustancias como a las drogas, el alcohol o los medicamentos.

Estas tendencias abusivas se están observando con inquietud sobre todo en segmentos de población aparentemente más sensibles como son los niños, los adolescentes y los jóvenes.

tecnoadiccion

 

Cuando hablamos de obsesión por las tecnologías inmediatamente pensamos en nuestros hijos adolescentes, pensamos que es un problema particular de estas edades, que el problema está solamente de ellos. Pero no es tan sencillo.

Hace un par de meses acudí invitado a la “I Jornada sobre TIC en la adolescencia: del uso al abuso”, promovida por la Unidad de Trastornos Mentales en Infancia y Adolescencia de la Clínica La Luz de Madrid, en la que se alertaba de cómo muchos adolescentes presentaban una evidente “obsesión por estar conectados”. El psiquiatra infanto-juvenil José Luis Pedreira Massa, coordinador de la Jornada, indicó que muchos jóvenes necesitan dedicarle cada vez más tiempo a las tecnologías para obtener el mismo grado de satisfacción. Asimismo, el doctor Carlos González Navajas relató algunas de las conductas de los adolescentes que acudían a su consulta por un problema que él define como “hiperadicción”: trastocan sus actividades diarias (estudio, descanso, comidas, cenas,…) para estar al tanto del móvil o de internet, no apagan su móvil por la noche con lo cual se altera su ritmo de sueño, se vuelven irritables y tienen cambios de humor cuando no puede estar conectados (y se calman cuando vuelven a estar conectados),… y que todo ello tiene una influencia directa en las relaciones familiares, en la conducta social y, por supuesto, en el rendimiento académico.  

La investigación va despacio

La mayoría de los investigadores que se plantean estudios sobre esta “supuesta adicción a las tecnologías” recurren a las clasificaciones de los trastornos mentales, como la DSM-IV o el CIE-10, que otros expertos en ciencias de la salud han diseñado y en las que se describen las diferentes categorías diagnósticas. Esto es un sistema de trabajo habitual en el científico: apoyarse en el camino ya estudiado por otros investigadores y compartir esa información y, en este sentido, a la supuesta “tecnoadicción” se la ha comparado, metodológicamente hablando, con las adicciones ya establecidas, sobre todo con aquellas denominadas “adicciones sin sustancia” tales como la ludopatía, la adicción al sexo, a la pornografía, etc.

Existe, por un lado, una gran controversia sobre si las supuestas adicciones a internet, o al móvil, o a las redes sociales,… son realmente trastornos psiquiátricos primarios. También, y por otro lado, existe una falta de consenso en la definición terminológica, pues se utilizan con significados similares términos como adicción, abuso, falta de control, trastornos de la personalidad, obsesiones, etc. Dejaré para otros artículos posteriores el desarrollo de una necesaria “mirada científica” sobre este problema e intentaré centrarme en la observación de algunos efectos que parece que se producen en nuestros jóvenes (y en los no tan jóvenes) al usar y abusar de estas tecnologías. 

Definir la adicción

En lo que sí que están de acuerdo la mayoría de los investigadores es que en toda adicción se observa un estado tanto físico como psicológico de dependencia hacia alguna cosa o sustancia de tal manera que si no tenemos tal cosa o sustancia se produce un malestar en el individuo.

Todo comportamiento tiene como objetivo la búsqueda y obtención de un placer. Las conductas repetitivas ante las tecnologías son placenteras en las primeras fases pero con el tiempo se pierde el control sobre las mismas. Del mismo modo que ocurre con otras adicciones, como a las drogas o al alcohol, ya no se realiza una determinada conducta simplemente por el placer de hacerla, por buscar la gratificación, sino para reducir la ansiedad que se crea al no realizarla. Por lo tanto, estamos ante algo muy parecido a una adicción, una adicción en la que no hay presencia de una sustancia adictiva ni química; una adicción psicológica. 

El problema está aquí

De manera resumida y echando un poco la vista al pasado siempre que se ha hablado de adicción se la ha asociado con el alcohol. Pero históricamente la percepción ha cambiado: en las décadas de los 60-70 se hablaba mucho de las adicciones a las drogas y desde finales del siglo XX hasta hoy en día venimos oyendo hablar con asiduidad de adicciones a los videojuegos, a internet o a los móviles.

Muchas asociaciones y organismos gubernamentales, como las Agencias Anti Droga de las Comunidades  Autónomas (bajo la tutela del Plan Nacional sobre Drogas), organizan con regularidad programas de prevención en colegios e institutos para informar sobre el abuso de las tecnologías. Digamos que el problema ya está en la sociedad y que, a falta de ser acotado científicamente, se trabaja de manera multidisciplinar en la búsqueda de alternativas y soluciones.

Es evidente que las tecnologías -ya sea el móvil, las tablets o el ordenador, el uso de internet, las redes sociales, o los servicios de mensajería instantánea como WhatsApp, Twitter, etc.- son muy útiles en nuestra vida diaria y las hemos hecho imprescindibles en nuestras relaciones, en la educación, en la formación, en el ocio y en el entretenimiento, pero el uso incorrecto de las mismas ha generado una serie de problemas que afectan tanto a las familias como a otros entornos sociales directos como la escuela, el trabajo, los amigos, etc.

En el caso de los niños y de los jóvenes, el problema adquiere más relevancia puesto que afecta a su desarrollo. En los Simposios Internacionales que sobre TDA y Trastornos de la Conducta que se vienen celebrando en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid se ha planteado que cada vez se observan más comportamientos en los menores que sugieren adicciones a las tecnologías, comportamientos estos que provocaban alteraciones de la conducta de los chicos, influyendo en su fracaso escolar e impidiendo su normal socialización. Se llegó a plantear la existencia de una relación directa del abuso y adicción a las tecnologías con patologías como el progresivo autismo y encerramiento del joven en sí mismo.

Los patrones de conducta de muchos jóvenes están cambiando ante el abuso de las tecnologías. Ya he indicado antes cómo trastocan sus horarios para estar conectados y cómo dicha conexión la hacen durante la noche cuando creen que los padres no les controlan. Por ello, muchos duermen durante el día, dejan de hacer las actividades que antes les resultaban placenteras (hacer deporte, ocio, etc.) y abandonan las relaciones sociales directas con sus amigos pasando a tener unas relaciones virtuales (sin contacto físico). 

¿Cuándo debemos empezar a preocuparnos?

El psiquiatra británico Richard Graham , responsable del Servicio de Adicción a la Tecnología del Hospital Capio Nightingale de Londres, atiende en su consulta a chicos de edades cada vez más tempranas. Graham plantea que “si nuestro hijos tienen dificultades para dormir, o tienen rabietas cuando llega el momento de apagar el botón de off, o pasan por frecuentes estados de ansiedad y de agresividad cuando no tienen su “dosis diaria” de tecnología, es en esos momentos en los que podemos pensar que nuestros hijos esta “enganchados”.

En el caso de nuestros niños, adolescentes y jóvenes, hay una serie de síntomas que deberíamos tener en cuenta pues son indicadores de que algo puede andar mal.

  • La pista más clara la tenemos desde el momento en que el hecho de estar ante el ordenador, o ante el móvil o un videojuego, se convierte en el centro de interés del chico, de tal manera que el resto de las cuestiones como hacer deporte, o estar en la calle con los amigos, pasan a segundo lugar.
  • El chico prefiere las relaciones virtuales, es decir la ciber-relaciones, a las relaciones personales o físicas en las que hay que estar cara a cara con otra persona.
  • Otra pista nos la da el hecho de que se pase horas encerrado en su habitación, aislándose del resto de la familia y que esté cambiando sus rutinas de sueño o de comidas.
  • El chico pasa mucho tiempo pensando en cuándo va a volver a conectarse.
  • También se puede observar un cambio notable de su temperamento. Desarrolla un carácter más agrio, más nervioso, más irascible o más huraño, con facilidad a la discusión y a no atender a razones. Su carácter se suele calmar en el momento en que se conecta.
  • El chico puede incluso mentir para tapar o para justificar su conducta. Miente en relación al tiempo y la frecuencia con la que se conecta y, a veces, puede llegar incluso a robar para poder seguir manteniendo su conducta.
  • Se vuelve cerrado en sí mismo y no quiere hablar de un posible problema ni reconoce que tenga dicho problema. De hecho, lo primero que nos encontraremos es con que nuestro hijo negará que le pase nada y buscará excusas como que está haciendo los deberes o que quiere quedar con amigos o que solo está escuchando música, etc. 

Los adolescentes en este sentido son una “población de riesgo” ante la adicción a las tecnologías porque se encuentran en un sutil proceso de cambios físicos, psíquicos y emocionales en los que se mezclan la inseguridad, la baja autoestima, una negativa percepción de su cuerpo cambiante, una relación social inmadura centrada en sus pares y bajo el prisma de sus amigos y las modas, etc. y ello hace que internet y las redes sociales, sean un modo perfecto para que los adolescentes se construyan una imagen ideal de ellos mismos y desarrollen unas “relaciones sin relación física” que le dan una falsa sensación de amistad.

Como no quiero extenderme más, he preferido dejar para un próximo artículo algunas recomendaciones tanto para los padres como para las escuelas, con la finalidad de que podamos ayudar a que nuestros hijos hagan un uso razonable de las TIC y también intentaré explicar cómo actúa un psicólogo o especialista en aquellos casos en los que los padres hayamos perdido el control de esta situación.

MhB

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2 comentarios sobre “Adicción a las Tecnologías

    Teresa escribió:
    11/11/2014 en 07:12

    Hoy día, observamos el apego que nuestros tienen al móvil, al ordenador, etc. y cómo este “aparato diabólico”, se ha convertido en su centro de atención, en su vida. NO conciben la vida sin él pues ahí lo tienen todo: sus amigos, su música, sus influencias a la hora de vestir, de vivir, etc. El móvil es una prolongación de sus dedos, no pueden vivir sin él y son incapaces de tenerlo a más de 10 centímetros. Es un aparato que nosotros utilizábamos para comunicarnos y que, a primera vista, parece inofensivo… pero que, por supuesto, les altera cuando les ordenas o les recomiendas que dosifiquen su uso: “deja el móvil que vamos a comer, no te metas con el móvil en el baño etc.”
    Es eso adicción, yo creo que si, y el problema es cómo puedes desengancharte de todo el proceso: de la vida, de una forma nueva de entender las relaciones, dónde cortar, etc.
    Espero seguir leyendo tus recomendaciones, porque realmente los padres nos vemos desbordados con este tema tan complicado.
    Enhorabuena, saludos.

      marcelhbrunner1 respondido:
      24/08/2015 en 12:06

      Deduzco que de tu experiencia como madre has podido constatar que el uso móvil (y de las redes sociales, internet, etc.) están provocando cambios de comportamiento en nuestros hijos. Es cierto. Pero habrá visto que he dicho “el uso” y no el aparato en sí (ni las redes, ni la web). El problema siempre es el uso -o mal uso- que hacemos de esta tecnología. Vivimos en una sociedad digital y no podemos ignorar que esta es realidad imparable y, por supuesto, maravillosa y enriquecedora. Por ello, siempre defiendo en todos los foros posibles que hay que hay que introducir de manera urgente, y como asignatura obligatoria, en los colegios la correcta alfabetización digital (lo que en inglés se denomina “Digital Literacy”) de nuestros hijos y alumnos, es decir, que tengan perfecto conocimiento de los pros y los contras de las tecnologías que tienen entre sus manos,fomentando en ellos el pensamiento crítico y, a partir de este punto, dar rienda suelta a la innovación, la creatividad y la colaboración. Gracias por tu interés y ánimo con tu extraordinaria labor de madre.

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