Inteligencias múltiples

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Venimos escuchando una especie de grito atronador en la comunidad educativa en el que se pide un cambio en la escuela tradicional tal como la conocemos ahora. Casi el 90 por ciento de los profesores admite que nuestro sistema educativo no prepara a nuestros hijos lo suficientemente bien como para afrontar el exigente, aunque cambiante y siempre incierto, futuro que les espera. En una sociedad en la que la información y el conocimiento están al alcance de todos -al alcance de un clic-, y en un momento en el que le dedicamos cada vez más tiempo -y dinero- a las cuestiones educativas, el creciente y aparentemente imparable fracaso escolar hace que los padres estemos desconcertados.

Nuestros hijos se zambullen en un sistema educativo que no entienden, un sistema que propende al utilitarismo, a la discriminación, al materialismo, a la violencia emocional, que fomenta la competencia entre pares y la insolidaridad, que no solamente les exige resultados sino que prioriza el resultado antes que el intento, un sistema que les desilusiona y, sobre todo, que les aburre hasta la extenuación. Todas las miradas se dirigen ahora en búsqueda de nuevas propuestas educativas, nuevas metodologías, métodos vanguardistas que permitan a nuestros hijos encarar con confianza y seguridad los retos del siglo XXI.

En este sentido, la aplicación de la “Teoría de las Inteligencias Múltiples” del psicólogo estadounidense Howard Gardner, a la sazón Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2011, aunque no se trate de ninguna novedad puesto que fue presentada hace ya treinta años (1983) en su libro “Frames of Minds: The Theory of Multiple Intelligences”, es una de las metodologías más brillantes y que más interés están suscitando ya que no solamente habla de los diferentes modos de adquirir los conocimientos sino de cómo integrarlos para tener éxito en todas las parcelas de la vida tanto en nuestras relaciones sociales como en nuestra vida privada.

Howard Gardner

 

 

Howard Gardner afirma que la inteligencia no es algo con lo que se nace. Él piensa que la inteligencia está localizada en diversas áreas del cerebro, en unas zonas que están interconectadas entre sí aunque afirma que estas partes pueden trabajar de manera independiente.

Gardner, tras un largo proceso de investigación, propuso la existencia de ocho inteligencias: la lingüística-verbal, la lógica-matemática, la física-kinestésica, la musical, la espacial, la naturalista la interpersonal y la intrapersonal. A partir de estas teorías y usando los procesos de sistematización que propuso Gardner, otros investigadores de todo el mundo andan a la búsqueda de otras posibles inteligencias tales como la espiritual, la existencial o la digital. Pero todavía son especulaciones.

Brevemente y de manera simplificada, las distintas inteligencias tienen las siguientes características y funcionalidades:

– La inteligencia lingüística-verbal: es la capacidad de usar adecuadamente las palabras. Esta inteligencia actúa sobre diferentes partes del lenguaje como: la sintaxis, es decir sobre la forma    en que relacionamos las palabras en una frase o en un contexto lingüístico, la semántica, esto es, el significado o la interpretación de las palabras y signos lingüísticos, y la fonética, es decir, los sonidos de una lengua desde su producción hasta su percepción. Ejemplos de esta inteligencia los podemos observar en aquellos niños a los que les gusta escribir, leer, hacer poemas, trabalenguas y sobre todo se aprecia en la gran facilidad que tienen los chicos para aprender idiomas. 

– La inteligencia lógica-matemática: se relaciona con nuestra capacidad de manejar y relacionar números, usar funciones, patrones lógicos y conceptos abstractos. Un ejemplo de esta inteligencia lo apreciamos también en la capacidad de los niños de hacer cálculos numéricos complejos o solucionar problemas lógicos.

– La inteligencia física-kinestésica: consiste en usar nuestro cuerpo para expresarnos. Con el cuerpo podemos comunicar sentimientos, ideas, etc. y para ello hacer falta un control sobre la fuerza del mismo, sobre su equilibrio, coordinación, destreza, flexibilidad, habilidades táctiles, armonización en el uso y la posición de los músculos, etc. Los niños que se destacan en deportes, en expresión corporal, en la danza, en el manejo de instrumentos etc., desarrollan esta inteligencia.

– La inteligencia espacial: con esta habilidad reconocemos las imágenes y las posiciones o ubicaciones espaciales, podemos representar ideas mediante dibujos o bocetos, podemos diferenciar colores, formas, figuras, etc. Esta inteligencia se aprecia en niños a los que les gusta pintar o a los que, cuando estudian, prefieren apoyarse en esquemas, gráficos o mapas. 

– La inteligencia musical: es la capacidad de percibir y transformar de manera sensible y lógica los sonidos mediante la combinación de sus distintas cualidades (tono, timbre, ritmo). A los niños que poseen inteligencia musical les atraen las melodías, las canciones, los ritmos, etc. y los podemos observar marcando el compás con alguna parte de su cuerpo o incluso bailando.

– La inteligencia interpersonal: nos permite apreciar lo que otras personas sienten, a través de los signos que nos hacen llegar. Esto nos posibilita ofrecerles también una respuesta adecuada o proporcional a dicho sentimiento. Esta inteligencia fundamentada en la “comprensión del otro”, es evidente en aquellos niños que colaboran en equipos o trabajan en grupo, estableciendo y desarrollando el diálogo y los acuerdos.

– La inteligencia intrapersonal: es la habilidad de “observarnos a nosotros mismos” es decir, observar interiormente nuestros propios actos y nuestros estados de ánimo o de conciencia. Mediante esta observación interna podemos actuar siguiendo pautas de comprensión, podemos tener una imagen no distorsionada de nosotros mismos y podemos desarrollar el amor propio y la autodisciplina, y, en este sentido, actuar consecuentemente sobre la base de este conocimiento. Observamos esta inteligencia en niños que, por ser más razonables o más reflexivos, suelen dar consejos a sus compañeros y son tomados como ejemplo, como guía, por los mismos.

– La inteligencia naturalista: es la capacidad de interactuar lógicamente (observar, experimentar, reflexionar,…) con los distintos elementos del medio ambiente, ya sea rural, urbano, salvaje, etc., distinguir, clasificar y utilizar elementos del medio ambiente, objetos, animales o plantas. Incluye las habilidades de observación, experimentación, reflexión y cuestionamiento de nuestro entorno. Esta inteligencia la tienen los niños a los que les gustan los animales o la naturaleza en general, y que disfrutan observando y manipulando objetos, animales o plantas de su entorno natural.

 Desgraciadamente, los planes educativos que rigen la formación de nuestros hijos se centran básicamente en la inteligencia matemática y en la lingüística, excluyendo casi completamente otras formas de conocimiento. Es evidente que existe una multitud de niños que no destaca -ni tiene por qué destacar- en las llamadas “inteligencias académicas tradicionales”. Esto genera un serio problema puesto que, como no se valoran casi nada a las otras inteligencias –y en muchos casos son cercenadas e incluso eliminadas por no considerarlas útiles ni prácticas-, el sistema provoca en muchos niños un injusto sentimiento de fracaso escolar (y personal). Al potenciar las inteligencias académicas tradicionales y despreciar el resto de las inteligencias, lo que hace el sistema es, simple y llanamente eliminar, suprimir los talentos del resto de los niños.

Aquí es donde podríamos iniciar un debate sobre el fracaso escolar y su relación con aquellas inteligencias que, al parecer, nuestros hijos tienen que desarrollar obligatoriamente en nuestra sociedad. Si observamos este planteamiento desde la base, es decir desde la esencia de lo que debe ser el desarrollo de la persona, resulta paradójico (y absurdo) que, aun sabiendo que cada ser humano es diferente y único, en cuestión educativa exigimos que nuestros hijos sepan lo mismo y hagan lo mismo, desarrollando unas competencias globalizadoras y prestando atención tan solo a un par de inteligencias que son las que la sociedad va a demandar en un contexto mercantilista y económico, quizá para perpetuarse tal y como es.

La “teoría de las Inteligencias Múltiples se relaciona con el concepto de “desarrollo integral del niño”, es decir, los métodos que se diseñan para facilitar su pleno desarrollo, tanto en sus capacidades psicológicas y cognitivas como en las más físicas, como la sexual, las relacionales interpersonales, sociales, el lenguaje, etc. En conclusión, no existe realmente una “inteligencia estándar” sino una diversidad de inteligencias a las que somos más o menos sensibles y a las que se puede (y se debe) estimular dependiendo de nuestra propia idiosincrasia.

En este sentido, hay que tener en cuenta que hay dos tipos de experiencias previas que determinan el desarrollo de nuestras inteligencias:

  • Experiencias “que nos desarrollan”: son experiencias que se dan en momentos muy determinados y especiales de nuestra vida (normalmente en la infancia temprana) y que son la clave de la inteligencia, del talento y de las habilidades que va a desarrollar el niño en adelante. Estas experiencias son como un resorte, una chispa que inicia todo el proceso de desarrollo de dichas inteligencias.
  • Experiencias “que nos bloquean”: son experiencias negativas, que también suelen adquirirse a edad temprana, que bloquean el desarrollo de una determinada inteligencia. En este sentido hablamos de momentos de vergüenza, miedo, etc. que impiden el desarrollo de los talentos o habilidades de una inteligencia.

Esta “Teoría de las Inteligencias Múltiples” se está aplicando con entusiasmo en multitud de países en proyectos de educación, formación y aprendizaje. Se están creando gran cantidad de comunidades educativas sobre todo en Europa y EEUU, encaminadas al desarrollo de las distintas inteligencias que poseemos. Son las llamadas “Escuelas de Inteligencias Múltiples”, en las que se reconoce y se respeta el aprendizaje particular de cada persona, ofreciendo distintas posibilidades de experimentación en las distintas inteligencias que plantea Gardner. Esto no significa que se centren solamente en las inteligencias en las que el niño destaque sino que también se les ayuda a aumentar las inteligencias no desarrolladas, pero siempre con especial atención a los talentos individuales que cada uno posee.

La escuela y el hogar

En este sentido, padres y educadores no son ajenos al proceso. A las escuelas se les debe exigir una formación profunda y permanente para que sus docentes puedan (y sepan) desarrollar estrategias didácticas que tengan en cuenta las diferentes posibilidades de adquisición del conocimiento que tiene el niño; por poner un ejemplo ejemplo, la introducción de las tecnologías en las aulas ya está ayudando a conseguir una educación más personalizada.

El docente tendrá que evolucionar, o transformarse, en una especie de “guía” que ayude a sus alumnos a descubrir sus propias inteligencias. Para ello debe ser consciente del cambio necesario y dominar el amplio repertorio de posibilidades formativas que tiene a su disposición, de tal manera que si un niño no comprende, no entiende o no avanza a través de una inteligencia, tener bien claro que existen por lo menos otros siete diferentes caminos para intentarlo.

Los padres también deben tener una participación activa en la planificación de las actividades de sus hijos, ayudando a enriquecer el currículo, asistiendo a reuniones donde se discute el progreso de sus hijos, siguiendo de cerca el desarrollo formativo de los mismos, etc., mientras, en casa, estimulan, comprenden y alientan a los chicos en el desarrollo de sus capacidades.

El valor de lo diverso

Es fundamental que comprendamos que la diversidad es muy valiosa y que no existe una única manera de aprender, que los seres humanos no somos autómatas que funcionamos bajo los mismos parámetros y que cada uno de nosotros pensamos y aprendemos de diferentes maneras. Eso es lo que nos hace diferentes, únicos y… humanos.

 

Nota:

El doctor Howard Gardner, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2011, está considerado como uno de los científicos más influyentes en el campo de las Ciencias Sociales. Es autor de la “Teoría sobre las Inteligencias Múltiples” e impulsor de proyectos educativos tan señalados como Zero y GoodWork, de gran interés para la renovación pedagógica del sistema educativo en el ámbito internacional. Su destacada labor ha sido reconocida con Doctorados Honoris Causa por universidades de todo el mundo y ha recibido algunos de los premios más renombrados en las disciplinas de Psicología y Educación.

Fragmento del Acta del Jurado del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2011

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9 comentarios sobre “Inteligencias múltiples

    yolanda escribió:
    16/11/2014 en 20:26

    Me tranquiliza saber, que al menos hay estudios dirigidos hacia la diversidad educativa El hecho de que, durante años nos hayan comparado con los mas listos, como ejemplo a seguir, como la meta para alcanzar la felicidad,.
    En el fondo es traumático, porque se nos educó y se sigue haciendo para ser iguales, castrando todo rasgo único. Llegando a crear en nuestras cabezas, la frustración, la angustia, la exagerada autocrítica.
    Para algunos creo q es demasiado tarde, pero espero que lleguen estas disciplinas para mis hijos, que recuperen sus diferencias y semejanzas con el resto, para lo que yo considero el mayor logro. Ser seres únicos, felices con lo que son, respetuosos con los demás. Aunque me temo que aún esto es casi una utopía.

    Enhorabuena por tu artículo, y por hacernos reflexionar.
    Yolanda

      marcelhbrunner1 respondido:
      21/08/2015 en 19:17

      Estimada amiga, la educación es un proceso vivo, dinámico, y creo firmemente que nunca es demasiado tarde para ponernos a bien con ella. Afortunadamente, ya se ha demostrado que para desenvolvernos en esta vida no es suficiente con tener un gran expediente académico. Bien sabes que hay personas que poseen una gran capacidad intelectual para determinadas cuestiones, pero que son incapaces de tener amigos o de relacionarse, y, por el contrario, la vida está llena de gente que no ha sido brillante en los estudios pero que triunfan en los negocios o que son felices en su vida personal. Se puede ser inteligente en diferentes campos, lo que ocurre es que secularmente se nos ha enseñado -y obligado- a ser inteligentes solo en aquellos campos que le venían bien a nuestra sociedad digamos… mercantil: gente que repita los mismos conceptos y no pongan en duda el sistema, obreros que realicen las mismas funciones en la fábrica de la vida, gente, en definitiva, que perpetúe el sistema económico y político en el que vivimos. Por último, se nos ha hecho creer que la inteligencia es algo con lo que se nace y que es inamovible, lo cual es absolutamente falso. La inteligencia, tal como la define Gardner, es una “capacidad” y como tal se puede mejorar siempre. Eso sí, hay que esforzarse. Gracias por tu interesante aportación.

    Elízabeth Moreno escribió:
    21/08/2015 en 22:46

    Cuanto me alegra ver que aunque no se me daban bien las matematicas no quiere decir…que fuera mas torpe que mis compañeras, aunque por muchos años de mi vida asi es como me hacian sentir y sintiendome un bicho raro aun teniendo otras cualidades que nunca llegaba a creer. A lo largo de mi vida doy fe y estoy totalmente de acuerdo contigo Marcel aunque he tardado en darme cuenta ya no me considero menos que las que sacaban altas notas en los estudios pues es cierto que no tenemos por qué seguir el mismo patrón. Cuantas personas habra que han fracasado en los estudios por este motivo. Muy buen trabajo Marcel enhorabuena .Ojala se siga este ejemplo tendriamos muchísimo que ganar y confio que algún día ,asi sea.

    Elízabeth Moreno escribió:
    21/08/2015 en 23:00

    Te doy las gracias por este blog tan fantástico con el que aprendo tanto.

      marcelhbrunner1 respondido:
      23/08/2015 en 14:28

      Gracias a ti por el interés que demuestras en lo que escribo. Ánimos como los tuyos hacen que sea más gratificante seguir haciéndolo.

    Yolanda escribió:
    23/08/2015 en 16:55

    Estoy de acuerdo en todo lo que has planteado, necesitamos una gran revolución en la enseñanza. Y gracias a estudios como el tuyo, resurge una esperanza: que gente como tú y otros tantos os preocupéis por encontrar un mejor camino para desarrollar la mente diferente de cada uno de nuestros hijos, su inteligencia variopinta, que hace de la diferencia un don.
    Espero ver cómo estas ideas llegan a nuestros políticos, para que se les abran la mente, hoy oscura y obstinada en la repetición de un modelo educativo que fomenta que todos los chicos y chicas sean iguales, estén alineados, sin salirse del esquema educativo previsto, y que se permita de una vez que los profesores utilicen el instrumento maravilloso de la “enseñanza desde las diferencias” de cada individuo.
    Enhorabuena por tu artículo. Haces que muchos pensemos de otra manera después de leerlo.

      marcelhbrunner1 respondido:
      26/08/2015 en 15:18

      Su amable y muy acertado comentario me ha llevado a pensar inmediatamente en el concepto de tolerancia.
      La tolerancia significa aprender de otras personas, respetar cómo es el otro, rechazar los estereotipos y tender puentes entre diferentes maneras de pensar, entre diferentes culturas.
      Pero, ¿cómo vamos a pensar en una sociedad tolerante si desde los fundamentos, desde la misma escuela, no se respeta ni se admite la diferencia, ni se fomenta la singularidad de cada niño?

        Yolanda escribió:
        30/08/2015 en 19:50

        Espero que gente como tú, sea la que mueva conciencias y se empiece a ver esa tolerancia que comentas en las escuelas, siendo estas el pilar más importante para los niños. Cuando tomen conciencia de la importancia de la educación, creo que será cuando en segundo término se puedo introducir esto” la tolerancia”… pero amigo mío, aún falta mucho.

        marcelhbrunner1 respondido:
        31/08/2015 en 06:23

        Querida amiga: las conciencias las movemos todos nosotros con nuestros esfuerzos individuales y colectivos. En este sentido, siempre me gusta recordar las palabras de uno de los pedagogos más importantes e influyentes del siglo XX, Paulo Freire. Él decía que “los hombres y las mujeres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión”.
        Y yo te digo: “salgamos del silencio, usemos la palabra, trabajemos, reflexionemos y pasemos a la acción, para hacer entre todos una escuela más tolerante, pues lo que en ella sembramos hoy, brotará en nuestra sociedad mañana”. ¿Quién dijo que el camino sería fácil?

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