Pensamiento

Howard Gardner, padre de la teoría de las “inteligencias múltiples” desentraña la estrecha visión de Trump sobre la inteligencia

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Me he permitido traducir al castellano el artículo titulado “Howard Gardner, father of ‘multiple intelligences’ theory, unpacks Trump’s narrow view of intelligence” [1] , publicado el 1 de febrero de 2017 por la periodista experta en educación Valerie Strauss en el  prestigioso diario norteamericano The Washington Post.

En el mismo, Howard Gardner, psicólogo, investigador y profesor de la Universidad de Harvard, utiliza su larga experiencia en el campo de la investigación en el campo del análisis de las capacidades cognitivas, para desentrañar desde un punto de vista científico, entre otras cuestiones, el concepto de inteligencia que esgrime el presidente norteamericano Donald Trump.

MhB.

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En cierta ocasión, el presidente Trump, dijo su famoso: “Soy una de las personas más inteligentes de todo el mundo”. También dijo: “Me encanta la gente con bajo nivel educativo”.[2]

El modo en que Trump ve la naturaleza de la inteligencia a través de estas declaraciones no está claro – pero en este artículo, Howard Gardner de la Universidad de Harvard intenta desentrañar el tema, ofreciendo su excepcional conocimiento como el investigador que revolucionó los campos de la psicología y la educación con su “Teoría de las Inteligencias Múltiples”.

Gardner es Profesor Hobbs [3] de Cognición y Educación en la Escuela Superior de Educación de la Universidad de Harvard.

Su obra fundamental es su libro de 1983, “Frames of Mind: la teoría de las inteligencias múltiples”, en el que detalla un nuevo modelo de inteligencia humana que iba más allá de la visión tradicional de que había un solo tipo (de inteligencia) que podría medirse mediante pruebas estandarizadas.

La teoría inicialmente enumeró siete inteligencias que trabajan juntas: lingüística, lógica-matemática, musical, corporal-cinestésica, espacial, interpersonal e intrapersonal; más tarde añadió una octava inteligencia, la naturalista, y afirma que pueden existir unas cuantas más.

 Gardner ostenta los cargos de profesor adjunto de Psicología en la Universidad de Harvard y de director del Project Zero de Harvard, un grupo de investigación educativa compuesto por múltiples proyectos de investigación, patrocinados independientemente, con el objetivo de comprender y mejorar el pensamiento de alto nivel y el aprendizaje a través de disciplinas.

Gardner ha recibido la Beca MacArthur (1981), el Premio Grawemeyer de Educación de la Universidad de Louisville en 1990, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2011) y el Premio Internacional Brock de Educación (2015).

Ha sido seleccionado dos veces por las revistas Foreign Policy y Prospect como uno de los 100 intelectuales públicos más influyentes del mundo.

Aquí está la postura de Gardner sobre Trump y la inteligencia.

Por Howard Gardner

Entre en Google y teclee “Donald Trump Smart” [4] y obtendrá un conjunto completo de citas del último año:

“Soy inteligente.”

“Soy como una persona realmente inteligente.”

“Soy una de las personas más inteligentes de todo el mundo.”

A Trump le gusta rodearse de personas que él considera inteligentes. Recientemente, en un alarde de presunción, el presidente declaró: “Tenemos, de lejos, el más alto coeficiente de inteligencia de cualquier gabinete que se haya reunido. Y parece sostener una teoría genética de la inteligencia. “Mi tío era un gran profesor e ingeniero, el Dr. John Trump del MIT, buenos genes, muy buenos genes”. Claramente Trump se considera a sí mismo y a los miembros de su familia como inteligentes y valora a las personas que él u otros consideran inteligentes.

Sin embargo, Trump ha expresado a menudo su aversión por las élites, especialmente aquellas vinculadas a colegios y universidades selectas. En una declaración ampliamente difundida, Trump declaró: “Amo a los que tienen poco nivel educativo”. Y mientras Trump conseguía el apoyo (y la oposición) del espectro político y educativo, obtenía un atractivo particular para los hombres blancos que, por la razón que sea, no han tenido éxito en la sociedad de la información-tecnológica actual.

Donald Trump: “I’m one of the smartest people anywhere in the world”

Es posible, por supuesto, que ninguna de estas afirmaciones y sentimientos tenga mucha validez. Trump se contradice con regularidad y sin ningún tipo de vergüenza. Pero vale la pena intentar desentrañar la narrativa subyacente y sacar lecciones de ella.

Trump apoya una perspectiva de la inteligencia que es ampliamente aceptada entre los psicólogos y que ha sido asimilada por el público – especialmente en Occidente. En pocas palabras, la inteligencia es una sola entidad; es en gran medida genética [5] (si sabemos lo inteligentes que son sus abuelos, podemos inferir lo inteligente que será usted); es altamente deseable; y se puede juzgar la inteligencia de una persona incluso en ausencia de pruebas formales. Y eso incluye juicios sobre uno mismo – no es difícil en el caso de una persona a la que yo describí en Vanity Fair, en el otoño de 2015, como “notablemente narcisista”.

Aunque estoy a favor de una visión alternativa – la teoría de las inteligencias múltiples – no voy a defender esa posición en este momento. Más bien, quiero señalar las arrugas [6] y las falacias de la postura de Trump.

En primer lugar, si se van a hacer declaraciones sobre lo que significa ser inteligente, se necesita definir claramente el intelecto, dar los resultados de las pruebas formales, o ambos. Que yo sepa, Trump no ha hecho nada de esto.

En segundo lugar, se defina como se defina el intelecto, se necesita distinguir entre esa capacidad cognoscitiva, y otras seguramente de igual o mayor importancia – por ejemplo, el conocimiento relevante, el juicio, la sabiduría. Y si se está refiriendo al potencial de un individuo para dirigir e inspirar, se necesita tener en cuenta aquellas capacidades personales y de carácter que no son, estrictamente hablando, cognitivas o intelectuales: por ejemplo, la paciencia, la perseverancia, la empatía, el perdón.

En tercer lugar, tal como señaló brillantemente (y memorablemente) David Halberstam, cronista de la guerra de Vietnam, tener el asesoramiento y las decisiones de “los mejores y los más brillantes” no es necesariamente suficiente y puede incluso no ser apropiado.

Donald Trump: “By far the highest IQ of any Cabinet ever assembled”

Aunque el presidente John F. Kennedy nunca describió a su Gabinete y a sus principales asesores como que tenían “los más altos coeficientes de inteligencia”, se rodeó de académicos de las más importantes instituciones, destacando entre ellos a Harvard, en las cuales él mismo (así como muchos miembros de su familia) se habían graduado. La excesiva confianza en ellos mismos de los asesores de política exterior, como McGeorge Bundy y Walter Rostow, junto con su ignorancia tanto de la historia como de lo ocurrido sobre el terreno en el sudeste de Asia, contribuyó posiblemente al mayor atolladero militar de la historia de Estados Unidos. El alto coeficiente intelectual puede ser útil, pero no es suficiente.

Esto me lleva al tema de “la gente con bajo nivel educativo”. William F. Buckley, posiblemente el principal arquitecto del movimiento conservador moderno, dijo: “preferiría ser gobernado por las primeras 2.000 personas de la guía telefónica de Manhattan que por toda la facultad de Harvard”. En la medida en que esta declaración valora a personas ordinarias o seleccionadas aleatoriamente es, cuanto menos, defendible en una democracia.

Pero, tal como yo lo entiendo, ser “pobremente educado” es visto por Trump como un valor. Y supongo que está centrando su aprecio en aquellos individuos que saben muy poco; o que han tenido pocas oportunidades de educación; o que tuvieron la oportunidad pero no la aprovecharon.

Donald Trump: “I love the poorly educated”

Todas estas opciones son problemáticas. Es difícil defender la posición de que saber menos es mejor que saber más –aun cuando uno quiera que el conocimiento sea relevante (en lugar de disperso); fundamentado (no la post-verdad) [7]; y utilizado de una manera constructiva. Es lamentable que un individuo haya tenido pocas oportunidades para la educación – o, como se podría decir, para una educación efectiva. Y si el individuo ha tenido la oportunidad pero no la aprovechó, eso es deplorable.

Pero desde que vivimos en una época en que la educación gratuita – desde las bibliotecas públicas a la Academia Khan – es fácilmente accesible, la oportunidad de la educación permanece… a lo largo de la vida.

En cualquier aspecto que yo pueda pensar, ser educado es mejor que no ser educado. Tal como a Derek Bok, ex presidente de Harvard, le gusta decir: “Si crees que la educación es costosa, prueba la ignorancia”.

Pero Buckley y Halberstam no carecen de razón: la educación es necesaria, pero no es suficiente. De hecho, en la mayoría de las definiciones (¡incluyendo la suya propia!), como graduado que es de la Ivy League [8], Trump es altamente educado. Son los usos que cada uno haga de su educación lo que es crucial.

Del mismo modo, respecto a la inteligencia, es difícil pensar en alguna razón por la que uno pudiera preferir ser estúpido, en lugar de inteligente. Sin embargo, al final, son los usos en los que cada uno pone su inteligencia – o sus inteligencias – los que son importantes.

Y es por eso que mis colegas y yo hemos dedicado nuestras energías a la comprensión – y en la medida de lo posible a fomentar – buenas personas, buenos trabajadores y buenos ciudadanos. Tal como el reverendo Martin Luther King dijo de manera memorable: “Inteligencia más carácter – ese es la meta de la verdadera educación”.

 


[1] En el artículo, se usa el verbo inglés “unpack”, para referirse a deshacer, desempaquetar, desentrañar, desembalar. (N. del T.)

[2] ”Poorly educated“ es “tener bajo nivel educativo”, no confundir con “mal educados” (N. del T.)

[3] Howard Gardner es titular de la Cátedra de Cognición y Educación John H. & Elisabeth A. Hobbs de la Escuela Superior de Educación de Harvard. (N. del T.)

[4] Donald Trump inteligente

[5] Hereditaria (N. del T.)

[6] Hay sinónimos en español para el término “arrugas” que usa Gardner: falsedades, mentiras, fraudes, sofismas, ardides,…, y con ello se refiere a aquellas cuestiones que “chirrían” y que no quedan claras de su afirmación. (N. del T.)

[7] Con el neologismo post-truth se denomina en inglés a lo ‘relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal’.

fuente: http://www.fundeu.es/recomendacion/post-truth-post-verdad-posverdad/

[8] Con Ivy League (Liga Ivy o Liga de la Hiedra) se denomina a un grupo de universidades, que tienen en común unas connotaciones académicas de excelencia, así como de elitismo por su antigüedad y admisión selectiva. También se conoce a estas universidades como “las ocho antiguas” o “las Hiedras” (ancient eight o the Ivies, en inglés): Princeton, Harvard, Yale, Cornell, Columbia, Brown, Dartmouth y Pensilvania. (N. del T.)

 

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Inteligencias Múltiples, Reforma de la Educación Superior y Ética.

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Howard Gardner fue recientemente entrevistado por el doctor Marty Nemko para la revista Psychology Today. Los doctores Nemko y Gardner  debatieron sobre Inteligencias Múltiples, Educación, Ética, y sobre los proyectos que nos tiene preparados el Dr. Gardner.

El texto original y en inglés de esta entrevista se encuentra en el blog oficial de Howard Gardner sobre Inteligencias Múltiples MI Oasis o en la  web en la revista Psychology Today .

Es reconfortante pensar que nuestra inteligencia no se reduce a un simple número. De hecho, sobre todo en entornos educativos, la Teoría de las Inteligencias Múltiples es ampliamente aceptada.

En la entrevista de hoy, que es parte de una serie titulada The Eminents [1], hablamos con el creador de esa Teoría, Howard Gardner. Pero no solo hablamos de eso sino de su trabajo actual examinando la Educación Superior en los EEUU y sobre cuestiones éticas de las profesiones, incluyendo la Psicología.

Howard Gardner es Profesor Hobb [2] de Cognición y Educación en la Universidad de Harvard. Recibió una “Beca Genius” de la Fundación MacArthur y títulos honoríficos de 31 Universidades. En dos ocasiones ha sido seleccionado por Foreign Policy and Prospect Magazines [3] como uno de los 100 intelectuales públicos más influyentes del mundo. Ha escrito 30 libros que han sido traducidos a 32 idiomas.

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MARTY NEMKO: Hábleme un poco de la Teoría de las Inteligencias Múltiples.

HOWARD GARDNER: La Teoría de las Inteligencias Múltiples nunca ha sido aceptada por la comunidad psicométrica, pero ha tenido una enorme influencia en la Educación en muchas partes del mundo. La mayor parte de mi pensamiento se ha centrado en los usos educativos-individualizar la educación y diferentes formas de presentar los conceptos- criticar propuestas que parecen equivocadas, por ejemplo, describir grupos en términos de sus “inteligencias dominantes”, o la creación de test que pretenden mostrar el perfil intelectual del que los hace.

MN: O sea, que ¿es más una filosofía que algo basado en datos?

HG: No, la Teoría es totalmente empírica, basada en una enorme cantidad de datos recogidos de diversas disciplinas. Pero no es experimental: no se puede hacer un test para demostrar que la Teoría es correcta o incorrecta. Más bien, al igual que otras muchas teorías en campos no experimentales, como la Geología, la Arqueología, la Astronomía, o incluso la Evolución, es una síntesis de datos. Su supervivencia se basa en si se presentan mejores síntesis.

MN: Con el paso de los años, ¿ha cambiado la Teoría?

HG: En su mayor parte, ha resistido la prueba del tiempo. He añadido una inteligencia (naturalista) y he contemplado la evidencia de otras dos más (existencial y pedagógica.) Pero ahora he seguido adelante con otros temas, por ejemplo, examinando la educación superior en varios campus por todo el país y valorando el modo en que podría ser mejorada. Una vez más, el estudio se basa en datos: mi equipo y yo llevaremos a cabo alrededor de 2.000 entrevistas. Nuestros hallazgos serán la síntesis de lo que hemos aprendido.

MN: Creo que un problema central con la educación universitaria, especialmente en universidades investigadoras como Harvard, Stanford, la Universidad de Nueva York, etc., es que mayor parte de la enseñanza se hace por doctores, quienes por temperamento, formación, intereses y recompensas son en primer lugar investigadores. Por consiguiente, emplean la mayor parte de su tiempo y de su energía en probar un fragmento innovador de un campo determinado. En mi opinión, los atributos necesarios para ser un docente universitario realmente transformador diametralmente opuestos a ello. Parecería que la educación universitaria sería superior si existiera una vía separada para la actividad docente. ¿Qué opina?

HG: En las instituciones con las que estoy familiarizado, el progreso y la permanencia se evalúan generalmente en términos de productividad de la investigación, teniendo en cuenta también la evaluación docente y los servicios institucionales. En el futuro, estoy a favor de añadir componentes como “ayudar a los estudiantes a crecer” y “el fortalecimiento de la institución”. La Educación universitaria de Estados Unidos en las artes liberales ha sido admirada justificadamente en todo el mundo. Los ciudadanos con medios tratan de enviar a sus hijos a Stanford o Swarthmore o Skidmore y muchos países anhelan relacionarse con universidades de Estados Unidos, véase Yale-Singapur, Universidad de Nueva York-Abu Dhabi. Nosotros debemos exigir más no solo de los maestros, sino también de los estudiantes, los padres y los políticos. El objetivo de nuestro estudio es señalar el camino hacia la educación superior de calidad en los Estados Unidos y en el resto del mundo.

MN: Su trabajo actual se centra también en cuestiones éticas en el campo de la educación. Aquí hay una en la que estoy particularmente interesado. ¿Es justo para someter a los estudiantes de la nación a todo tipo de instructores? ¿No podrían los estudiantes, ricos y pobres, aprender más en un curso online, altamente inmersivo, interactivo y de ritmo individualizado, impartido de manera diferencial por un equipo de docentes a cargo de un “dream-team” de los maestros más transformadores de la nación y que sería completado por un grupo de discusión presencial?

HG: Inicialmente, hubo un verdadero éxtasis con los MOOCs (Massive Open Online Courses / Cursos Online Masivos y Abiertos): ellos iban a resolver todos nuestros problemas educativos. Luego, vino la inevitable reacción: la mayoría de las personas no acaban los MOOCs, y los que lo hacen, tienden a ser ya gente instruida. Y entonces, no es una buena solución.

MN: Estoy hablando de algo diferente. Estoy hablando de hacer cursos online no sólo disponibles para gente instruida, sino como parte del plan de estudios para todos los estudiantes universitarios. Y debido a que se han desarrollado para servir a toda la nación, podrían ser impartidos por un equipo formado por los docentes más transformadores de la nación o del mundo, apoyados, por ejemplo, por diseñadores en gamificación [4] . Y, como he dicho, que se complementaría con un grupo de discusión presencial.

HG: Los MOOCs ya están disponibles para todo el mundo, sin embargo, como usted indica, tienden a ser completados por personas con suficiente experiencia y motivación. Estoy seguro de que van a mejorar de manera constante y con el tiempo serán habituales. Sin embargo, accesibilidad no es lo mismo que asequibilidad. Crear un MOOC de calidad es costoso, e incluir  debates con docentes cualificados también requiere de recursos. Hasta ahora nadie ha encontrado una forma de educar a bajo coste. La educación es todavía más como un cuarteto de cuerda con poca economía de escala, más que una simple producción de herramientas.

MN: Tengo que detenerme un poco aquí. Si un curso, por ejemplo, de cálculo, fuera desarrollado para servir a los estudiantes de la nación, por no hablar de los del mundo, el coste de desarrollo por estudiante sería amortizado a través de millones de estudiantes y por lo tanto sería mucho más bajo que los cursos genéricos tradicionales.

Volvamos a los psicoterapeutas. Después de todo, esto es Psychology Today. Es difícil controlar suficientes variables para determinar la eficacia de la terapia o incluso la eficacia de una modalidad, por no hablar de la eficacia en las niñas afroamericanas adolescentes con depresión moderada, con un percentil del 40% en inteligencia verbal pero un 70% de la inteligencia emocional, o con un 20% de percentil para cargos de responsabilidad de los que viven en zonas rurales Alabama. Así terapeutas y pacientes terminan apoyándose en una primera impresión para decidir, por ejemplo, si y con qué paciente debe gastarse tiempo y dinero en intentar la curación. ¿Cuál es la obligación ética del psicoterapeuta como individuo y de la profesión en su conjunto, a este respecto?

HG: Soy un psicólogo profesional pero no un profesional clínico y no tengo un conocimiento especial en el que basarme. Dicho esto, nuestro trabajo sobre ética TheGoodProject.org  y mi blog The Professional Ethicis[5] sí ofrece una manera de pensar acerca de estos temas

La manera de tratar con dilemas éticos es crear un espacio común -a menudo llamado un commons [6]– en el cual personas capacitadas pueden describir un dilema, considerar medidas o vías de acción y buscar la mejor solución. Los commons o bienes comunes no acaban con la decisión. Es importante examinar las consecuencias de la decisión, para aprender lecciones positivas y reflexionar sobre las dificultades y los errores para ver si podría tomarse una mejor decisión en el futuro.

Usted ha señalado acertadamente la diferencia entre el individuo profesional y la profesión en su conjunto. Cualquier profesión debe tener normas en torno a la cuestión que usted plantea. Y, en las palabras del gran pensador económico Albert Hirschman, todos nos debemos una cierta medida de lealtad a las normas profesionales. Pero cuando las normas parecen inútiles o improductivas, hay que hacerse oír –activar la voz. Y en el caso extremo de que la profesión y nuestros colegas parezcan remisos a una vía de acción cuidadosamente seleccionada, es necesario considerar la posibilidad de una salida. Por supuesto que, si a sabiendas se violan las normas o las leyes, se tiene que estar preparado para hacer frente a las consecuencias, ¡o para liderar una revolución!

MN: Pronto tendrá 73 años. ¿Qué tiene preparado para el futuro?

HG: Hay preceptos contradictorios que me han guiado durante todo el tiempo que puedo recordar: 1: que viviré para siempre. 2: que moriré mañana.

No veo ninguna razón para alterar esta doble realidad: Aunque ahora estoy más allá del umbral bíblico de los 70, estoy en lo que se ha denominado la “edad del todavía”: todavía enseñando, todavía dirigiendo investigaciones, todavía escribiendo. A esa lista he añadido dos nuevos y bien recibidos calificativos: abuelo y mentor. Trato de cubrir ambas funciones de manera competente.

En cuanto a mi trabajo, esta entrevista ha tratado tres etapas principales.

  • La Teoría de las Inteligencias Múltiples ya ha pasado la adolescencia y la estoy permitiendo valerse por sí misma.
  • Mis colegas y yo hemos trabajado durante dos décadas en temas de ética, buen trabajo y de buena ciudadanía. Nuestros esfuerzos están ahora en compartir lo que hemos encontrado -nuestros conceptos, nuestro marco general, nuestros conjuntos de herramientas – con los educadores, con otros profesionales, con padres, con estudiantes, etc. También estamos buscando colaboraciones productivas con otros individuos e instituciones que compartan estos objetivos. Tengo una deuda especial con Lynn Barendsen, Mihaly Csikszentmihalyi, Bill Damon, Wendy Fischman y Carrie James los cuales han sido los verdaderos colaboradores en este trabajo.
  • Nuestro trabajo actual es un gran estudio nacional sobre las “artes liberales y las ciencias en el siglo XXI.” Estamos estudiando diez campus deliberadamente diferentes. Nuestro maravilloso equipo está dirigido por Wendy Fischman. No estamos listos todavía para dar a conocer nuestros resultados -de hecho, todavía no sabemos lo que van a ser. Así que… ¡permanezca atento!

La biografía de Marty Nemko está disponible en Wikipedia. Su nuevo libro (el octavo) se titula “The Best of Marty Nemko” (Lo mejor de Marty Nemko…)

______________

Notas:

[1] Los eminentes, los destacados. (N. del T.)

[2] Howard Gardner es titular de la Cátedra de Cognición y Educación John H. & Elisabeth A. Hobbs de la Escuela Superior de Educación de Harvard. (N. del T.)

[3] La revista Foreign Policy reconoce a los más eminentes líderes de opinión e intelectuales públicos del mundo en su edición anual 100 Leading Global Thinkers (100 Pensadores Líderes Globales). Entre los homenajeados hay una amplia gama de líderes, defensores, innovadores, artistas, funcionarios públicos, y visionarios de todo el mundo. (N. del T.)

[4] Gamification es un término anglosajón que se refiere al uso de mecánicas de juego en entornos y aplicaciones no lúdicas para potenciar la motivación, la concentración, el esfuerzo, la fidelización y otros valores positivos comunes a todos los juegos. (N. del T.)

[5] El Experto en Ética Profesional. (N. del T.)

[6] Un bien común. (N. del T.)

 

Efecto mariposa (en Navidad)

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WeihnachtskerzeTodos los años y por estas fechas, bien sabéis que es muy habitual decorar nuestras ventanas o terrazas con luces y adornos de Navidad, desde principios de diciembre hasta la primera semana de enero. 
Desde la lejanía de mi ventana, vengo observando que, a un par de kilómetros de distancia, un desconocido, año tras año, adorna su terraza con una guirnalda de luces intermitentes. Hasta aquí todo es normal, rutinario, previsible.
 
Esta persona que os comento, es de las primeras en ponerlas y, seguramente, la última en quitarlas. 
Él, y de eso sí estoy seguro, no me conoce de nada y, por supuesto, desconoce que esta acción tan sencilla, festiva y bienintencionada, provoca cada año en mi -en un desconocido que vive ajeno a su mundo- una serie de sentimientos encontrados, vivos e intensos.

Cada vez que esta persona pone las dichosas luces, siento un vuelco en el corazón con el recuerdo de tantas y tantas Navidades pasadas, con el recuerdo de tanta gente querida que está conmigo en esta vida y de tanta gente amada que ya no lo está. 
Pero, al llegar enero, este desconocido vuelve a quitar las luces de su terraza, y este mismo gesto rutinario, provoca en mi alma una profunda tristeza, un enorme vacío, pues, en ese momento, soy consciente de que otra Navidad ha terminado, y que con ella se esfuma de nuevo la esperanza, esa especie de paréntesis de alegría de vivir casi infantil… es como si me diera cuenta de que he vuelto a dar otro paso más alejándome de una infancia que nunca volverá.
 
Eso me ha hecho reflexionar sobre cómo nuestras propias acciones, incluso las más neutras, las más normales, las que consideramos más inocuas, inofensivas, aburridas o rutinarias, pueden ser importantes, incluso trascendentales para otras personas y, lo asombroso de esto es que, a pesar de que tenemos el poder de influir tan profundamente en otras personas, nosotros nunca lo sabremos.

¡Feliz Navidad!

MhB

 

 

¿Miedo a ser felices?

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La felicidad es un asunto que ha preocupado al ser humano desde que tiene conciencia de tal.

Todas las disciplinas del conocimiento, desde la Psicología a la Ética, la Teología, la Filosofía, la Sociología, la Medicina, etc… han intentado definir qué es y cómo se obtiene. Y siempre se llega a la misma conclusión: la felicidad es lo más importante para el hombre, y aunque lograrla es a priori fácil, la realidad nos demuestra que es lo más difícil de conseguir.

felicidad

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