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Howard Gardner, padre de la teoría de las “inteligencias múltiples” desentraña la estrecha visión de Trump sobre la inteligencia

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Me he permitido traducir al castellano el artículo titulado “Howard Gardner, father of ‘multiple intelligences’ theory, unpacks Trump’s narrow view of intelligence” [1] , publicado el 1 de febrero de 2017 por la periodista experta en educación Valerie Strauss en el  prestigioso diario norteamericano The Washington Post.

En el mismo, Howard Gardner, psicólogo, investigador y profesor de la Universidad de Harvard, utiliza su larga experiencia en el campo de la investigación en el campo del análisis de las capacidades cognitivas, para desentrañar desde un punto de vista científico, entre otras cuestiones, el concepto de inteligencia que esgrime el presidente norteamericano Donald Trump.

MhB.

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En cierta ocasión, el presidente Trump, dijo su famoso: “Soy una de las personas más inteligentes de todo el mundo”. También dijo: “Me encanta la gente con bajo nivel educativo”.[2]

El modo en que Trump ve la naturaleza de la inteligencia a través de estas declaraciones no está claro – pero en este artículo, Howard Gardner de la Universidad de Harvard intenta desentrañar el tema, ofreciendo su excepcional conocimiento como el investigador que revolucionó los campos de la psicología y la educación con su “Teoría de las Inteligencias Múltiples”.

Gardner es Profesor Hobbs [3] de Cognición y Educación en la Escuela Superior de Educación de la Universidad de Harvard.

Su obra fundamental es su libro de 1983, “Frames of Mind: la teoría de las inteligencias múltiples”, en el que detalla un nuevo modelo de inteligencia humana que iba más allá de la visión tradicional de que había un solo tipo (de inteligencia) que podría medirse mediante pruebas estandarizadas.

La teoría inicialmente enumeró siete inteligencias que trabajan juntas: lingüística, lógica-matemática, musical, corporal-cinestésica, espacial, interpersonal e intrapersonal; más tarde añadió una octava inteligencia, la naturalista, y afirma que pueden existir unas cuantas más.

 Gardner ostenta los cargos de profesor adjunto de Psicología en la Universidad de Harvard y de director del Project Zero de Harvard, un grupo de investigación educativa compuesto por múltiples proyectos de investigación, patrocinados independientemente, con el objetivo de comprender y mejorar el pensamiento de alto nivel y el aprendizaje a través de disciplinas.

Gardner ha recibido la Beca MacArthur (1981), el Premio Grawemeyer de Educación de la Universidad de Louisville en 1990, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2011) y el Premio Internacional Brock de Educación (2015).

Ha sido seleccionado dos veces por las revistas Foreign Policy y Prospect como uno de los 100 intelectuales públicos más influyentes del mundo.

Aquí está la postura de Gardner sobre Trump y la inteligencia.

Por Howard Gardner

Entre en Google y teclee “Donald Trump Smart” [4] y obtendrá un conjunto completo de citas del último año:

“Soy inteligente.”

“Soy como una persona realmente inteligente.”

“Soy una de las personas más inteligentes de todo el mundo.”

A Trump le gusta rodearse de personas que él considera inteligentes. Recientemente, en un alarde de presunción, el presidente declaró: “Tenemos, de lejos, el más alto coeficiente de inteligencia de cualquier gabinete que se haya reunido. Y parece sostener una teoría genética de la inteligencia. “Mi tío era un gran profesor e ingeniero, el Dr. John Trump del MIT, buenos genes, muy buenos genes”. Claramente Trump se considera a sí mismo y a los miembros de su familia como inteligentes y valora a las personas que él u otros consideran inteligentes.

Sin embargo, Trump ha expresado a menudo su aversión por las élites, especialmente aquellas vinculadas a colegios y universidades selectas. En una declaración ampliamente difundida, Trump declaró: “Amo a los que tienen poco nivel educativo”. Y mientras Trump conseguía el apoyo (y la oposición) del espectro político y educativo, obtenía un atractivo particular para los hombres blancos que, por la razón que sea, no han tenido éxito en la sociedad de la información-tecnológica actual.

Donald Trump: “I’m one of the smartest people anywhere in the world”

Es posible, por supuesto, que ninguna de estas afirmaciones y sentimientos tenga mucha validez. Trump se contradice con regularidad y sin ningún tipo de vergüenza. Pero vale la pena intentar desentrañar la narrativa subyacente y sacar lecciones de ella.

Trump apoya una perspectiva de la inteligencia que es ampliamente aceptada entre los psicólogos y que ha sido asimilada por el público – especialmente en Occidente. En pocas palabras, la inteligencia es una sola entidad; es en gran medida genética [5] (si sabemos lo inteligentes que son sus abuelos, podemos inferir lo inteligente que será usted); es altamente deseable; y se puede juzgar la inteligencia de una persona incluso en ausencia de pruebas formales. Y eso incluye juicios sobre uno mismo – no es difícil en el caso de una persona a la que yo describí en Vanity Fair, en el otoño de 2015, como “notablemente narcisista”.

Aunque estoy a favor de una visión alternativa – la teoría de las inteligencias múltiples – no voy a defender esa posición en este momento. Más bien, quiero señalar las arrugas [6] y las falacias de la postura de Trump.

En primer lugar, si se van a hacer declaraciones sobre lo que significa ser inteligente, se necesita definir claramente el intelecto, dar los resultados de las pruebas formales, o ambos. Que yo sepa, Trump no ha hecho nada de esto.

En segundo lugar, se defina como se defina el intelecto, se necesita distinguir entre esa capacidad cognoscitiva, y otras seguramente de igual o mayor importancia – por ejemplo, el conocimiento relevante, el juicio, la sabiduría. Y si se está refiriendo al potencial de un individuo para dirigir e inspirar, se necesita tener en cuenta aquellas capacidades personales y de carácter que no son, estrictamente hablando, cognitivas o intelectuales: por ejemplo, la paciencia, la perseverancia, la empatía, el perdón.

En tercer lugar, tal como señaló brillantemente (y memorablemente) David Halberstam, cronista de la guerra de Vietnam, tener el asesoramiento y las decisiones de “los mejores y los más brillantes” no es necesariamente suficiente y puede incluso no ser apropiado.

Donald Trump: “By far the highest IQ of any Cabinet ever assembled”

Aunque el presidente John F. Kennedy nunca describió a su Gabinete y a sus principales asesores como que tenían “los más altos coeficientes de inteligencia”, se rodeó de académicos de las más importantes instituciones, destacando entre ellos a Harvard, en las cuales él mismo (así como muchos miembros de su familia) se habían graduado. La excesiva confianza en ellos mismos de los asesores de política exterior, como McGeorge Bundy y Walter Rostow, junto con su ignorancia tanto de la historia como de lo ocurrido sobre el terreno en el sudeste de Asia, contribuyó posiblemente al mayor atolladero militar de la historia de Estados Unidos. El alto coeficiente intelectual puede ser útil, pero no es suficiente.

Esto me lleva al tema de “la gente con bajo nivel educativo”. William F. Buckley, posiblemente el principal arquitecto del movimiento conservador moderno, dijo: “preferiría ser gobernado por las primeras 2.000 personas de la guía telefónica de Manhattan que por toda la facultad de Harvard”. En la medida en que esta declaración valora a personas ordinarias o seleccionadas aleatoriamente es, cuanto menos, defendible en una democracia.

Pero, tal como yo lo entiendo, ser “pobremente educado” es visto por Trump como un valor. Y supongo que está centrando su aprecio en aquellos individuos que saben muy poco; o que han tenido pocas oportunidades de educación; o que tuvieron la oportunidad pero no la aprovecharon.

Donald Trump: “I love the poorly educated”

Todas estas opciones son problemáticas. Es difícil defender la posición de que saber menos es mejor que saber más –aun cuando uno quiera que el conocimiento sea relevante (en lugar de disperso); fundamentado (no la post-verdad) [7]; y utilizado de una manera constructiva. Es lamentable que un individuo haya tenido pocas oportunidades para la educación – o, como se podría decir, para una educación efectiva. Y si el individuo ha tenido la oportunidad pero no la aprovechó, eso es deplorable.

Pero desde que vivimos en una época en que la educación gratuita – desde las bibliotecas públicas a la Academia Khan – es fácilmente accesible, la oportunidad de la educación permanece… a lo largo de la vida.

En cualquier aspecto que yo pueda pensar, ser educado es mejor que no ser educado. Tal como a Derek Bok, ex presidente de Harvard, le gusta decir: “Si crees que la educación es costosa, prueba la ignorancia”.

Pero Buckley y Halberstam no carecen de razón: la educación es necesaria, pero no es suficiente. De hecho, en la mayoría de las definiciones (¡incluyendo la suya propia!), como graduado que es de la Ivy League [8], Trump es altamente educado. Son los usos que cada uno haga de su educación lo que es crucial.

Del mismo modo, respecto a la inteligencia, es difícil pensar en alguna razón por la que uno pudiera preferir ser estúpido, en lugar de inteligente. Sin embargo, al final, son los usos en los que cada uno pone su inteligencia – o sus inteligencias – los que son importantes.

Y es por eso que mis colegas y yo hemos dedicado nuestras energías a la comprensión – y en la medida de lo posible a fomentar – buenas personas, buenos trabajadores y buenos ciudadanos. Tal como el reverendo Martin Luther King dijo de manera memorable: “Inteligencia más carácter – ese es la meta de la verdadera educación”.

 


[1] En el artículo, se usa el verbo inglés “unpack”, para referirse a deshacer, desempaquetar, desentrañar, desembalar. (N. del T.)

[2] ”Poorly educated“ es “tener bajo nivel educativo”, no confundir con “mal educados” (N. del T.)

[3] Howard Gardner es titular de la Cátedra de Cognición y Educación John H. & Elisabeth A. Hobbs de la Escuela Superior de Educación de Harvard. (N. del T.)

[4] Donald Trump inteligente

[5] Hereditaria (N. del T.)

[6] Hay sinónimos en español para el término “arrugas” que usa Gardner: falsedades, mentiras, fraudes, sofismas, ardides,…, y con ello se refiere a aquellas cuestiones que “chirrían” y que no quedan claras de su afirmación. (N. del T.)

[7] Con el neologismo post-truth se denomina en inglés a lo ‘relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal’.

fuente: http://www.fundeu.es/recomendacion/post-truth-post-verdad-posverdad/

[8] Con Ivy League (Liga Ivy o Liga de la Hiedra) se denomina a un grupo de universidades, que tienen en común unas connotaciones académicas de excelencia, así como de elitismo por su antigüedad y admisión selectiva. También se conoce a estas universidades como “las ocho antiguas” o “las Hiedras” (ancient eight o the Ivies, en inglés): Princeton, Harvard, Yale, Cornell, Columbia, Brown, Dartmouth y Pensilvania. (N. del T.)

 

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Inteligencias múltiples

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Venimos escuchando una especie de grito atronador en la comunidad educativa en el que se pide un cambio en la escuela tradicional tal como la conocemos ahora. Casi el 90 por ciento de los profesores admite que nuestro sistema educativo no prepara a nuestros hijos lo suficientemente bien como para afrontar el exigente, aunque cambiante y siempre incierto, futuro que les espera. En una sociedad en la que la información y el conocimiento están al alcance de todos -al alcance de un clic-, y en un momento en el que le dedicamos cada vez más tiempo -y dinero- a las cuestiones educativas, el creciente y aparentemente imparable fracaso escolar hace que los padres estemos desconcertados.

Nuestros hijos se zambullen en un sistema educativo que no entienden, un sistema que propende al utilitarismo, a la discriminación, al materialismo, a la violencia emocional, que fomenta la competencia entre pares y la insolidaridad, que no solamente les exige resultados sino que prioriza el resultado antes que el intento, un sistema que les desilusiona y, sobre todo, que les aburre hasta la extenuación. Todas las miradas se dirigen ahora en búsqueda de nuevas propuestas educativas, nuevas metodologías, métodos vanguardistas que permitan a nuestros hijos encarar con confianza y seguridad los retos del siglo XXI.

En este sentido, la aplicación de la “Teoría de las Inteligencias Múltiples” del psicólogo estadounidense Howard Gardner, a la sazón Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2011, aunque no se trate de ninguna novedad puesto que fue presentada hace ya treinta años (1983) en su libro “Frames of Minds: The Theory of Multiple Intelligences”, es una de las metodologías más brillantes y que más interés están suscitando ya que no solamente habla de los diferentes modos de adquirir los conocimientos sino de cómo integrarlos para tener éxito en todas las parcelas de la vida tanto en nuestras relaciones sociales como en nuestra vida privada.

Howard Gardner

 

 

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